La Fiesta Nacional de la Agricultura tuvo en su apertura institucional un sólo discurso, fruto de la nula participación de funcionarios provinciales o nacionales. El intendente apeló al orgullo esperancino frente a una plaza vacía y fría.
Sólo los aplausos de compromiso de su enorme contingente de funcionarios políticos compuesto por once secretarios, diez coordinadores, directores y un vocero. Entre las autoridades sólo los legisladores radicados en la zona: el senador provincial Rubén Pirola y la "obediente" diputada provincial Jimena Senn.
El intendente reconoció la crisis que atraviesa su gestión pero responsabilizó de ello a la caída de la coparticipación, directamente relacionada al movimiento económico de la ciudad. Cero autocrítica.
"Cada vez que pisamos esta plaza nos rodean las familias que hicieron grande a Esperanza y los recuerdos que construimos juntos. Para mí es un honor estar acá. Es la tercera vez que me toca hacerlo como intendente y la emoción no se gasta: la siento de la misma manera que la primera vez. Ser el intendente de Esperanza es el mayor desafío que tuve en mi vida. Se los digo mirándolos a los ojos", dijo Müller emocionado. Allí se equivocó y tuvo que volver a empezar.
Luego, mencionó que “estamos atravesando un momento difícil a nivel nacional, que sentimos en la mesa de cada casa, en cada comercio y en cada industria de nuestra ciudad. La caída de la coparticipación nos obligó a ajustar para seguir prestando los servicios que necesitan los esperancinos. Todas las noches pienso en eso, y no hace falta que se los explique porque ustedes lo viven a diario”.
No faltó la obligada mención de agradecimiento al gobernador de la provincia y el repaso de proyectos con fondos de esa jurisdicción. Nada dijo del contundente mensaje social que le rechazó una millonaria y necesaria obra como el pavimento. Tampoco existieron "dardos" a la oposición local.
El intendente expresó que “somos hijos y nietos de los colonos y heredamos de ellos el trabajo, el esfuerzo y la capacidad de superar cada adversidad. Esta ciudad la construimos todos: los vecinos, los jóvenes, los emprendedores, los comerciantes, los empresarios, las instituciones y cada familia que todos los días se levanta a trabajar y entre todos la vamos a sacar adelante”.
Cada vez que se salió del discurso escrito por otros, Müller se equivocó y debió retomar el texto. El clima frío, el viento sur fuerte y el aplauso que sólo le brindaron un puñado de políticos, le entregaron una realidad que no olvidará.