Al respecto, Chiaro aseguró que “hoy las tasas de suicidio en Argentina duelen mucho, porque hay chicos de 10 a 19 años que se quitan la vida, casi uno por día en Argentina. Es una cifra que no solo alarma, sino que duele mucho”.
Consideró que “como adultos nos pasa que nos cuesta mucho tener estas conversaciones, porque venimos de una cultura que cuando algo es tabú se hace innombrable, y cuando se hace innombrable parece que desaparece, pero no desaparece. No hablarlo no desaparece el tema. Entonces, lo que nos pasa es que muchas veces no lo decimos y el chico está con un montón de angustia, con un montón de miedo y en soledad. Por eso lo peor que nos puede pasar como comunidad es hacerlo un tabú, hacerlo innombrable y que encima esté solo atravesando toda esta situación”.
En ese marco, planteó que “lo que podemos hacer, pensándolo en lo micro, es hablar con los chicos, porque muchas veces ellos nos dicen cosas; nos dicen ‘no puedo más, estoy agotado, la vida me duele’ y cuando pasa eso, muchas veces, los adultos respondemos ‘no digas pavadas, ya se te va a pasar, tenés toda la vida por delante’ y no pasa. Entonces, como adultos tenemos que escuchar atentamente y poder pedir ayuda”.
“A veces nos pasa que los chicos no dicen nada, ni siquiera nos dicen estas cosas. Entonces nosotros tenemos que abrir el lugar de pregunta: ¿estás triste? ¿estás mal? ¿te pasa algo? Porque yo creo que para tener relaciones sanas tenemos que tener conversaciones incómodas. Y como familia, todos en la casa debemos saber que hay conversaciones difíciles, pero no hay conversaciones prohibidas. Nosotros tenemos que poder empezar a dialogar con nuestros hijos, cambiar esta cultura, porque cuando él se siente acompañado, se siente escuchado, cambia, se siente acompañado y nosotros podemos pedir ayuda”, reflexionó.
En declaraciones realizadas a Play Televisión, la profesional agregó: “Hay que empezar a cambiar como sociedad y dejar de minimizar estas situaciones porque hoy un chico se quita la vida por día en Argentina. Es la principal causa de muerte hoy en los adolescentes”.
“Son muchos los lugares en que podemos colaborar, desde las instituciones, desde los hospitales, desde las escuelas, también las seños pueden abrir un montón la mirada porque los maestros son por ahí los que más horas pasan con los chicos atentamente. Y nosotros podemos cambiar escuchando, mirando y escuchando de verdad a nuestros jóvenes. Es una concientización para poder acompañar mejor a nuestros niños”, concluyó.