Inicio Noticias Vocación sacerdotal

Vocación sacerdotal

por jose

Este domingo, el 4° de Pascua, se lo conoce como el Domingo del Buen Pastor. En este día la Iglesia eleva su oración y dedica su reflexión a considerar el tema de la vocación sacerdotal. La imagen motivadora es la lectura del evangelio del Buen Pastor, con la que Jesucristo define su misión y la de aquellos que serán llamados a seguirlo para ejercer, en su nombre, el ministerio sacerdotal. Como vemos, el sacerdocio tiene su fuente e imagen ideal en la persona y la vida de Jesucristo.

La imagen del Pastor recorre todas las Sagradas Escrituras. Ya el Antiguo Testamento a modo de profecía anunciaba que Dios no dejaría huérfano a su pueblo: «Les daré pastores, decía, según mi corazón» (Jer. 3, 15). Esta profecía que se cumple en Jesucristo: «Yo soy el Buen Pastor» (Jn. 10, 11) él la quiere prolongar en la Iglesia. Sólo desde esta voluntad de Jesucristo comunicada a los apóstoles, podemos entender la vocación sacerdotal. El sacerdocio no parte de un proyecto personal que yo elijo, sino de asumir como respuesta y de modo totalizante la vida y misión de Jesucristo.

Es por ello que sólo desde una mirada de fe a la persona de Jesucristo es posible comprender el sentido y la necesidad del sacerdote. Sin sacerdotes, decía Juan Pablo II, la Iglesia no podría cumplir aquel mandato de Jesucristo de: «anunciar el Evangelio y de renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y su sangre derramada por la vida del mundo», que el sacerdote actualiza en la celebración de la Santa Misa (cfr. P.D.V. 1). Ahora bien, ¿cómo descubre un joven que puede estar llamado a ser sacerdote? La respuesta no es fácil. Tal vez haya tantas respuestas posibles como jóvenes que se hayan sentido llamados. Pero por tratarse de una vocación que se encuentra en el ámbito del llamado de Dios, lo primero que debemos tener en cuenta es la importancia de la oración como nos dice el mismo Jesucristo: «Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (Mt. 9, 38).

Pero es necesario, además, crear un contexto en la vida del joven que lo disponga para escuchar este llamado. Hablaría de un clima espiritual y cultural de comunión previa con el valor del sacerdocio. Aquí tiene una gran importancia, aunque no absoluta, la familia como el grupo de pertenencia en el cual el joven vive su fe. También hablaría del nivel espiritual de su encuentro con Jesucristo como del compromiso apostólico con su misión. Considero importante, también, descubrir la vocación desde la necesidad que tiene la gente y la misma Iglesia; no estamos ante la realización de un proyecto personal, sino ante el llamado de quién es el Buen Pastor. Aquellas palabras tan propia de los profetas y de los primeros discípulos: «Aquí estoy Señor, envíame» (Is. 6, 8), siguen siendo hoy la culminación de todo proceso vocacional. Como vemos, oración, ámbito familiar y pertenencia a un grupo apostólico, son la base para preparar el terreno en el que la semilla de la vocación crece en un joven, y lo dispone para una respuesta que compromete toda su vida.

Demos gracias a Dios por el don del sacerdocio y valoremos la entrega de nuestros sacerdotes más allá de la fragilidad humana. Jesucristo llamó a hombres para confiarles la continuidad de su misión; ellos dijeron un día: «Aquí estoy, Señor». Los invito a unirnos en oración para pedir «al dueño de los sembrados» que nos envíe vocaciones porque la tarea es mucha. Reciban de su Obispo junto a mis oraciones, mi bendición en Jesucristo el Buen Pastor.

Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Tambien le puede interesar

Dejar comentario