Home Nacionales Víctima de la locura callejera: cuatro meses después no sabe quién la desfiguró ni por qué

Víctima de la locura callejera: cuatro meses después no sabe quién la desfiguró ni por qué

by juanmanuel

(Clarín) – Una sombra que se le venía encima. Eso sintió Natalia De Magistra hace casi cuatro meses mientras caminaba por Caballito. Era una de esas noches de diciembre en las que todavía no es oficialmente verano, pero ya casi. Una de esas noches de diciembre que se usan para despedir el año con amigos y compañeros de trabajo.

La sombra que se le vino encima justo cuando llegaba a la esquina de Aranguren y Río de Janeiro era la de un hombre que la atacó brutalmente. Ni la insultó ni intentó robarle: antes de que ella llegara a buscar su auto, la golpeó hasta hacerle perder la conciencia. «Estuve 15 o 20 minutos con pérdida del conocimiento. Fue el tiempo que transcurrió hasta que me encontraron. Después, ya en el hospital, vinieron unas ocho horas de amnesia de corto plazo: no sabía qué día era, por ejemplo», cuenta ahora Natalia, que es cirujana plástica, a Clarín.

No fue el único saldo físico de la golpiza: «Tuve cefalohematoma a nivel frontal y parietal, una fractura nasal que implicó que me operaran, fracturas dentarias y de costillas, y traumatismos en todo el cuerpo», enumera Natalia, que tiene 36 años. Apenas antes, el atacante había agredido a una chica de 22 años. Estaba esperando el colectivo, en la parada, contestando una llamada telefónica, cuando esa misma sombra le pegó una piña en la cara. Después del impacto y la sorpresa, la joven alcanzó a gritarle a Natalia para advertirle. Pero la médica no la escuchó. Y recibió una paliza feroz.

Natalia De Magistra, luego de ser brutalmente golpeada en una calle de Caballito.

 

«Es raro lo que siento ahora, después de este tiempo. Muchos a mi alrededor me dicen que logré atravesar todo este hecho con entereza, que lo atravesé bien, y eso me da alegría. Pero todavía no sé quién me atacó, están investigando. En su momento tuvo mucha repercusión, pero por ahora no hay muchas respuestas», dice Natalia. «La fiscalía me dijo que había que investigar lo obtenido a través de cámaras de la Ciudad y de edificios para determinar la antropometría del agresor, pero aún no se sabe nada», suma. En su momento, la primera víctima llegó a describirlo como un hombre de 1,65 metro de estatura, barba candado, camisa negra y pantalón blanco, que estaba descalzo.

«Tengo la sensación de que venía caminando por la vereda, llegando a la esquina, y ahí aparece la sombra. Pero es todo una sensación, porque perdí el conocimiento y todo eso se borró un poco», recuerda Natalia. «Lo más difícil de todo lo que me pasó es que no sé quién fue. No le conozco la cara. Entonces puedo cruzármelo y que él me reconozca, y eso me da miedo. Pero hay algo todavía peor, y es que al no saber quién fue, puede ser cualquiera. Eso es horrible», reflexiona.

Natalia De Magistra hoy. Admite que aún siente miedo. (Constanza Niscovolos)

Natalia De Magistra hoy. Admite que aún siente miedo. (Constanza Niscovolos)

Natalia volvió al quirófano para operar tres semanas después de aquel 15 de diciembre en el que se había reunido con compañeros de trabajo para despedir el año. Apenas sintió que había mejorado de su fractura nasal, quiso volver a hacer cirugías. «En general, pienso que estoy bien, que puedo salir de noche y hacer una vida normal. Pero lo cierto es que cuando estoy sola en la calle de noche con una persona de sexo masculino cruzo de vereda, empiezo a mirar para todos lados y me da miedo. ¿Y si me tira? ¿Y si me vuelven a pegar? ¿Y si es el que me agredió? Dura pocos segundos, pero es como una tormenta de pensamientos», cuenta. «Después esa sensación baja, porque sé que no tiene por qué volver a pasar algo como lo que pasó, ¿pero en el momento del miedo cómo hago para entender que la probabilidad es baja?», reflexiona.

Fue una mujer la que se ocupó de que el SAME llegara al lugar después de los dos ataques. Había salido a pasear a su perro y, gritos mediante, logró que el agresor se fuera. Llamó al servicio de emergencias y después, como única testigo de lo que había pasado, le contó algunas cosas a Natalia. «Me dijo que me pegó con los puños y las rodillas, que no necesitó de ningún objeto contundente para agredirme así, y que no me robó nada. Fue netamente la agresión por la agresión misma«, describe Natalia.

Después de lo que vio la vecina de Caballito que paseaba a su perro, llegó lo que vieron dos compañeros de trabajo de Natalia: un anestesiólogo y una enfermera. «Salieron de la reunión un ratito después que yo y, al dar una vuelta manzana en su camioneta para subir a la autopista, se encontraron con que yo había sido agredida», cuenta. «Esa es la parte de que fuera una desgracia con suerte: que apareció gente que me conocía, porque  estaba desmayada», agrega. La ambulancia del SAME la llevó al hospital Durand, y de allí la trasladaron a una clínica privada. «De lo hecha mierda que estaba el teléfono no me reconocía la cara, y yo tardé horas en acordarme el código para desbloquearlo», cuenta.

La médica sufrió céfalohematoma a nivel frontal y parietal, una fractura nasal, fracturas dentarias y de costillas, y traumatismos en todo el cuerpo.

La médica sufrió céfalohematoma a nivel frontal y parietal, una fractura nasal, fracturas dentarias y de costillas, y traumatismos en todo el cuerpo.

«¿Sirve de algo todo esto que pasó? No lo sé. Muchas mujeres y muchos varones me contactaron por redes sociales, de manera privada, para contarme que les había pasado lo mismo y que no denunciaron lo ocurrido por miedo. La repercusión que tuvo este caso hizo que muchos se acercaran a contar sus historias, y a la vez es una manera de tomar conciencia de que la sociedad es violenta«, reflexiona Natalia, que atiende pacientes dos veces por semana en un consultorio de Recoleta, y opera los otros tres días en Belgrano.

Para De Magistra, casos como el suyo deben servir para tomar conciencia de que la sociedad es violenta. (Constanza Niscovolos)

Para De Magistra, casos como el suyo deben servir para tomar conciencia de que la sociedad es violenta. (Constanza Niscovolos)

«Creo que en esta era de redes y medios estas historias se dan a conocer más fácilmente, pero también creo que son cosas que siempre han pasado. No sé si es algo que pueda evitarse, porque siempre existieron personas con problemas que pueden atacar a otras en plena calle. Lo que sí creo que hay que hacer es no hacer la vista gorda: se debe investigar a fondo, ayudar a esas personas y evitar que haya más víctimas», suma.

«En algún punto estoy feliz porque la puedo contar», dice. «Esto que pasó me lleva a no hacerme malasangre por estupideces, a estar más conectada con el día a día de la familia y los amigos, a alimentar los vínculos de largo plazo. Pero que no se resuelva me genera incertidumbre y miedo. Sé que el miedo se me va a ir con el tiempo. Pero la tristeza cuando veo que pasan otras cosas violentas es más difícil que se vaya», cuenta Natalia.

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