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Sebastián Benítez: «Disfruto pintar diversos rincones de Esperanza»

by juanmanuel
Sus pasión por el arte fue tomando notoriedad con el paso del tiempo y aquellos trabajos o ideas de un adolescente se fueron plasmando en brillantes trabajos entre pasillos y aulas de la Escuela Provincial de Artes Visuales «Prof. Juan Mantovani». Una situación familiar aceleró los tiempos y así comenzó a desandar un camino que hoy lo tiene con sus expresiones en estado puro embelleciendo espacios sociales, mostrando la versatilidad de los colores e innovando en cada pared donde deja sus trazos.

 

(Por Juan Manuel Sánchez para EDXD) – Su pasión salta de un andamio a otro, recorre calles, observa paredes, cierra los ojos e imagina lo que pronto quedará dibujado en una vieja pared, embelleciendo el espacio y sumando así un nuevo mural a una ciudad que rápidamente se familiarizó con sus pinceles.

 

El artista plástico esperancino eligió su propio camino y con cada paso escribe un poco más de su historia que lo llevó a deambular por momentos de dudas y otros de éxtasis total… Sus trabajos aparecen y desaparecen en cada esquina, en cada barrio, allí los colores estallan ante nosotros y los movimientos de cada obra terminan reteniendo nuestras miradas. «No hubo un día donde me dije que quería ser artista, mucho menos que iba a vivir del arte, allá promediando la escuela secundaria comencé a dibujar o relacionarme con cuestiones artísticas quizás poco frecuentes para un adolescente y fue mi mamá la que me impulsó a seguir Artes en Santa Fe, una y otra vez me alentaba y me daba fuerzas a que continuara con mi pasión no solo como hobby sino además como una posibilidad laboral, llegar a vivir del arte. Después de varios años, estudios, capacitaciones, disfruto del arte y esa paciencia que tantas veces me remarcó mi mamá porque todo se iba a dar, está llegando y no hay cosa más hermosa en la vida que vivir o hacer lo que a uno le llena el corazón», expresa el joven artista plástico que se mueve por la ciudad entre escaleras, pinturas y pinceles.

 

El artista con su primer mural pintado en la ciudad sobre calle Rodríguez Peña a pocos metros de 9 de Julio. 

 

Inicio de obra

 

Sueños de juventud que van más allá de cumplir con una materia para la clase del otro día en la escuela, es la etapa donde además se construyen quimeras que esperamos con ansias más adelante llegar a concretar: «Quizás con 13 años comencé a dibujar y pintar con más entusiasmo a tal punto que era una tarea más que tenía durante el día y sumaba con alegría a las no tantas alegrías que me daba una carpeta. No era bueno en la escuela, no me gustaba y de pronto sacar una hoja y trazar líneas con un lápiz me hacía feliz.

 

Mi mamá me observaba mucho y seguía los trabajos que hacía para mí e insistía en mis cualidades. Fue ella la que comenzó a sugerirme que debía seguir estudiando Bellas Artes. Fue la gran impulsora para que me inscribiera a estudiar en la Escuela Provincial de Artes Visuales «Prof. Juan Mantovani» de Santa Fe y así lo hizo. Eso es algo que voy a recalcar y agradecer siempre que pueda tanto a mi vieja como a mi viejo, el hecho de no obligarme a elegir una carrera tradicional o tenga al arte como un hobby y me dedique a otra cosa, ellos sabían que eso era lo que me gustaba y me apoyaron. Mi mamá con el aliento y a no bajar los brazos y mi papá con la tranquilidad que le de para adelante que él iba a bancarme los estudios y así fue.

 

 

Estudiar en la Mantovani para mí fue una experiencia maravillosa, siempre me sentí hallado, aprendí además de sumar innumerables capacitaciones. Ese camino que estaba transitando se vio alterada cuando lamentablemente perdí a mi papá y de golpe tuve que salir a trabajar para poder bancarme y eso dejó de lado un poco la parte final de mi carrera. Mi vieja siguió siendo un gran sostén, venía haciendo esculturas, pintando cuadros y decidí cargar todos esas producciones y salir a venderlas para poder hacerme de un sueldo sabiendo que era difícil ubicar esos trabajos en Esperanza, así que me armé un viaje y salí a ofrecer mi arte.

 

Recorrí Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y me instalé un buen tiempo en la Patagonia, principalmente puntos turísticos. Me fue bien, pude vender lo que había hecho y me volví a producir más trabajo para instalarme en Brasil y volver a ofrecer mis trabajos. Estuvo bueno, pero no era fácil instalarme para crear así que cuando terminé mi venta volví a Esperanza. Así fueron cuatro años de viajes y experiencias por diversos puntos de la Argentina y Brasil donde uno ofrecía el material que por suerte vendía, pero algo en mi cabeza ya daba vueltas, necesitaba hacer un clic y buscar otro camino dentro del arte porque se hacía difícil producir y vender», expresa «Chivi» como lo conocen por las calles de la ciudad.

 

El mural de Colonizadores y Alberdi intervenido en plena Copa del Mundo de Rusia 2018 del que habló todo un país. 

 

Una nueva vuelta

Las ganas de seguir adelante con los sueños y los golpes de una realidad que muchas veces asusta son cruces que más de una vez generan dudas a lo largo de un camino: «Después de esos años de recorrer distintos lugares ofreciendo mis obras, llegué a una etapa difícil, porque no era fácil generar dinero y comenzaban las preguntas y es ahí donde siempre apareció el aliento de mi mamá o una palabra justa de ella para que siguiera, que no bajara los brazos que la recompensa a tanto sacrificio iba a llegar.

 

Venía observando murales, ese tipo de arte, comencé a estudiar sus dimensiones, conocer más ese trabajo y sentí que podía hacerlo y fue un clic que hice dentro de mi carrera. Entendí que atrás debían quedar los cuadros, el tener un taller armado y salir a ofrecer mi arte a la calle. Mi primer trabajo fue en 2013, había ganado un concurso de Seguridad Vial y con el premio que recibí invertí en herramientas y pinturas y aquel proyecto presentado lo dibujé en una pared y así se dio mi primer mural sobre calle Rodríguez Peña llegando a 9 de Julio.

 

Estar pintando un mural en una calle me mostró un mundo nuevo, de golpe estaba subido a un andamio y pasaba gente caminando y paraba a ver o a preguntarme cosas y supe que esa vuelta de rosca que estaba buscando era la ideal. Después de ese mural comenzaron a llamarme y comenzó una hermosa locura que dura hasta hoy y parece no parar. Venía de años ofreciendo mis trabajos, mientras buscaba una salida realicé esculturas y trabajos para diversas competencias deportivas y artísticas que entregaban como premios trabajos míos, pero algo me faltaba y fue el arte de intervenir una pared que me terminó de llenar y hacerme feliz.

 

 

Mi segundo trabajo fue en la Sala Cultural La Juana y de ahí me fui a pintar la esquina de Moreno y Castelli y ahí saltó todo. Estaba cerca del centro eran muchas las personas que pasaban y se detenían y mientras pintaba comenzaron a llegar nuevas propuestas y fue el salto para trasladarme una cuadra y hacer el mural de GAESA SA y de ahí llamados para ir a pintar paredes en casas o diversos espacios que resultaron siendo increíbles para mí.  Después apareció Remax, la red inmobiliaria, los chicos de Esperanza confiaron en mí para hacerle una serie de trabajos que gustaron tanto que terminé interviniendo oficinas de la misma cadena en Córdoba, Santa Fe, Rosario y hasta en Buenos Aires.

 

Cuando comencé con los murales me puse como meta llegar a los 20 en distintas paredes de la ciudad fuera de las intervenciones que se hacen en viviendas particulares, hoy hay unas 16 paredes desparramadas por Esperanza con mis dibujos y estoy orgulloso de eso. Tengo un solo objetivo y es seguir colaborando con mis pinceles a embellecer diversos lugares de Esperanza.

 

El trabajo lo disfruto mucho y me permite tener mi propio sueldo, vivir del arte. De la mano con los murales fui aprendiendo cosas de la particular profesión de intervenir este tipo de espacios que generalmente son al aire libre y así uno sabe cómo es la temporada de los dibujos, cuando hay más trabajo y cuando menos, pero lo más importante es que el trabajo es continúo a tal punto que practicamente el año calendario ya está cubierto con proyectos y trabajos.

 

Cada mural tiene su historia, pero una particular fue el mural dedicado a Messi en el mundial de Rusia 2018. Si bien lo mío es el paisajismo, sentí la necesidad de apoyar a la Selección en una Copa del Mundo donde no la estaba pasando bien y levanté ese dibujo, fue una especie de apoyo de Esperanza a ese equipo. Sentí que iba a tener repercusión pero no la que tuvo. De golpe ese mural estaba en todos los canales de televisión de Buenos Aires y todos hablaban de eso, fue maravilloso a tal punto que comenzaron a llamarme de distintos lugares para realizar mis trabajos», cuenta Benítez.

 

El artista esperancino planea nuevos proyectos para instalarse en los próximos meses en Europa. 

 

Seguir adelante

 

«Nunca imaginé que mis trabajos tuviesen repercusión, soy un agradecido a la vida porque se contactan de otras ciudades para que vaya a trabajar y si bien se han realizado trabajos, mi prioridad es seguir acá en Esperanza, disfruto estar en una pared rodeado de gente conocida. Me hace bien trabajar en Esperanza porque es mi ciudad.

 

Sueños hay muchos y la mayoría se fueron dando a medida que uno fue avanzando en esta profesión. Hoy trabajo sobre un proyecto ambicioso que es trasladarme a Europa. Estoy trabajando para poder viajar en septiembre a Italia, tramitar la ciudadanía y desde allí comenzar a llevar mis trabajos, principalmente intervenir murales en ciudades de Europa, sería algo maravilloso en lo cual estoy trabajando. Hoy me siento seguro, con experiencia y capacitado para poder llevar adelante esta idea que va tomando cada vez más forma.

 

A mi viejo lo perdí joven, con 20 años no pensaba en que podía vivir del arte, fue mi vieja la que me alentó porque confiaba ciegamente en mis condiciones, más de una vez me mantuvo, me banco un billete para que siguiera adelante y no me desanime cuando las obras no se podían vender, no me cansaré nunca de agradecerle su aguante por eso cuando se dio lo de los murales en una etapa donde estaba buscando cambios, y el camino que se recorrió, hoy a este momento lo celebro como un premio a tantos años de luchas, sacrificios y preguntas si valía la pena seguir adelante con semejante pasión.

 

Muchas veces me frustré pero interiormente había algo que me decía que en algún momento se iba a dar y las cosas se fueron dando. Estamos en un momento del país donde la cosa no está bien y los bolsillos flacos y el arte no es una prioridad o una necesidad básica, pese a eso se sigue invirtiendo en arte, la gente sigue apostando al arte y eso es lo bueno, por eso aliento a los chicos que sienten que esa es su vocación a que sigan su camino porque en Argentina y pese a la crisis el arte sigue siendo para muchas una prioridad y es ahí donde aparecemos nosotros para mostrar y ofrecer nuestras ideas, producciones y trabajos. Mi camino fue sinuoso y tuvo muchas dificultades pero estoy comenzando a disfrutar tanto tiempo de siembra y soy feliz haciendo muralismo, soy feliz pintando Esperanza», expresó en el final Sebastián Benítez.

 

Una de las particulares intervenciones del muralista sobre las paredes de los depósitos de GAESA SA en Moreno a pocos metros de Plaza San Martín. 

 

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