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Por la sequía la soja y el maíz en la región están «crocantes»

por jose
Los registros permiten «escuchar» la condición de los lotes, donde predomina el follaje seco. Reportan pérdidas de rinde de hasta 80% o más en aquellos que aún no murieron. «Es angustiante», dijo un productor de Gessler.

 

 

(Campo Litoral) – En algunas zonas del centro santafesino, donde no hubo precipitaciones en el último paso de un frente de tormenta, los cultivos de segunda están a punto de expirar. Sojas y maíces «crocantes» se ven, por ejemplo, al sur de la Ruta Nacional 19 y las pérdidas ya son irremontables para los productores.

 

Desde al zona de Gessler, departamento San Jerónimo, el ingeniero agrónomo y productor Julián Imhoff indicó que «los cultivos se están secando, literalmente». En sus redes sociales, mostró un lote de soja en el que el sonido de ramas secas al caminarlo impacta tanto como la imagen de plantas deshidratadas, mustias, casi muertas.

 

 

«Venimos de un enero que tuvo las precipitaciones justas para el desarrollo de los cultivos y en febrero tuvimos algunas muy escasas, puntuales y aisladas; y hoy al 15 de marzo nos encontramos con lotes de soja de segunda prácticamente perdidos o con mermas de rinde de 60 a 80%, algunos más comprometidos, y la misma situación es para maíces de segunda», precisó. Según su estimación, un 75% de la oleaginosa tardía en la zona «está afectada gravemente; se está perdiendo».

 

 

El punto crítico fue el déficit hídrico -aproximadamente 300 milímetros- de 2020 a raíz del invierno seco. «Comprometió las reservas hídricas del suelo para los cultivos sobre trigo y al momento se están secando, literalmente».

 

 

Si bien los productores esperan con ansias las lluvias que los pronósticos anticipan para martes y miércoles próximos, llegarían tarde y no habría casi chances de recuperarlos. «Por una cuestión biológica», la recuperación sería muy escasa. Según diversos modelos, podrían precipitar entre 15 y 30 milímetros.

 

 

Además de agricultura, en la zona predominan los establecimientos lecheros, por lo que el impacto en la confección de reservas será altísimo, sumado a la pérdida económica que en los maíces ronda u$s 450 de costos directos por hectárea (más u$s 150 de arrendamiento u oportunidad, según si es campo alquilado o propio). «Esto no te lo cubre nada, los seguros son contra fenómenos puntuales: incendio o granizo», aclaró el productor.

 

 

En su caso, como productor de leche, lo más complicado es que se compromete la calidad de las reservas y la producción de leche hasta el próximo verano. Porque el alimento tendrá «menor contenido energético, menor calidad; voy a tener que suplementar más, más cara la dieta y menor rentabilidad, así que te genera un círculo vicioso bastante grande».

 

 

Para colmo tampoco, sobre todo en la soja, no hay ninguna manera de aprovechar estos lotes. «Es follaje seco, grano no hay; lo único que puede servir es como fibra para consumo animal en categorías de bajo requerimiento, como una vaca de cría; que en la zona no hay».

 

 

Apesadumbrado, Imhoff se permitió una anécdota en sorna. Charlando con un colega, le dijo que la escasez de lluvias es «la mejor forma de evaporar dólares, porque los enterramos, pero la sequía los evaporó; es angustiante».

 

 

Por Juan Manuel Fernández – Campo Litoral – Foto cabecera twitter Julieta Robredo sólo ilustrativa

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