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Meiners lejos de la gente

by jose
La fiesta generó gran polémica social y la intendenta no tuvo reacción.

 

 

(Opinión ) – Como pocas veces una decisión de gestión llegó en un momento tan inoportuno y dejó a la intendenta municipal en un off side político que causó la bronca generalizada de los vecinos.

 

Es cierto que tres meses atrás, cuando se decidió avanzar con “la fiesta” no había prácticamente casos en la ciudad y este fin de semana tuvimos 43 vecinos contagiados en sólo cuatro días y más de 250 obligados a aislarse.

 

A pesar de las alertas, la intendenta decidió avanzar y regalarnos una costosa fiesta para mirar por televisión.

 

La excusa de la pandemia hizo que en exclusividad una empresa privada explote comercialmente una fiesta que pagamos todos. Seguramente se hará público el contrato para desvirtuar cualquier sospecha en esa decisión.

 

Con la excusa de “armar la fiesta”, la intendente permitió durante más de un mes la llegada de técnicos y periodistas desde lugares con circulación viral y hoy amenaza a comerciantes y prestadores de servicios con bloquear su trabajo “para cuidarlos”.

 

Es lógico que muchos prestadores de servicios y artistas que trabajaron en esta «fiesta» estén contentos porque después de varios meses pudieron cobrar algo. Como ya sucede en otros municipios de la zona, Meiners podría haberlos contratado para shows virtuales desde el Centro Cultural cada fin de semana y se aseguraba que el dinero invertido quede en la ciudad sin necesidad de tantos lujos.

 

Son los mismos dirigentes que mendigan fondos para mejorar el sistema de salud, los que disponen dineros públicos para fiestas.

 

La gente está angustiada y en muchos casos desesperada por la situación sanitaria y económica. Mientras tanto las autoridades locales organizaron una fiesta enfundados en barbijos de diseño, con sillas doradas, reinas y un gran despliegue artístico y técnico.

 

No se trata de una foto de empleados apretujados riendo victoriosos detrás de un barbijo mientras muchas personas no pueden trabajar desde marzo, se trata de sentido común.

 

Hoy se llama empatía y se pierde cuando la clase dirigente no se pone en el lugar de la gente.

 

Tener empatía es un esfuerzo mayúsculo para quienes todos los meses cobran un salario seguro y sólo ven números en rojo de cuentas que son públicas y no propias.

 

Es la segunda vez en pocos meses que la intendenta y su equipo pierden “timing” social. La anterior fue cuando todos los concejales decidieron donar parte de su sueldo al SAMCo y ella y su equipo rechazaron la opción.

 

La empatía se pierde cuando los que deciden se rodean de aduladores y dejan de lado el contacto con la sociedad que supo respaldarlos. Incluso cuando menosprecian las críticas y se suben a rebuscados fundamentos para justificarse.

 

Que Ana Meiners haya perdido empatía con la gente de un modo tan grosero es novedad porque hablamos de quien supo cobijar el humor social en los últimos 12 años. Todo cambia con el empacho de poder.

 

j.z.

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