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Locales

Paisajes Interiores de Kazutaka Ishikawa

Kazutaka Ishikawa

 

1- De dónde vengo.

Atardece en Santa Fe. Kazutaka Ishikawa deja desgranar simples y sabias palabras en el estudio-taller de calle 4 de enero: Todo lo que se escribe, dice, hasta la lista del almacén, se escribe con el cuerpo. Me interesa esto porque usa, como los antiguos griegos, pero por otros motivos, el mismo verbo escribir para decir también dibujar o diseñar. Se hace con el cuerpo.

Año 1951. Un niño muy pequeño, con sus padres, cruza el Océano de Este a Oeste. En realidad cruza casi todos los Océanos del planeta, para venir desde Japón a la Argentina. Recién acaba de desembarcar desde ese feliz Océano que es el seno de la madre (tiene ocho meses), cuando ya está otra vez meciéndose sobre mares interminables, durante tres meses, hasta alcanzar las costas sudamericanas.

Los padres, mientras el niño crece y van naciendo sus hermanos en las nuevas tierras planas y opulentas, limpian y planchan con dedicación las ropas gringas de San Carlos Centro. El padre tiene un pizarrón en la tintorería, y dibuja con los bellos signos de la lengua de origen, renovados haikus que sólo él y la esposa pueden leer. El niño mira. Su nombre, el que trajo de Oriente, es también un armonioso conjunto de signos que pueden dibujarse, su nombre, que transcribimos Kazutaka, es único, es solo, significa el primero, es el tigre solitario que discurre por ese año 1950 en que ha nacido. Kazutaka, que en la nueva tierra ha recibido el también bello nombre Raúl, crece argentino, integrándose día a día, mezclándose con todos los chicos que van, como él, a las escuelas públicas de la Patria.

Él dice que el temperamento artístico deviene de su padre, el autor de haikus. Quizás sea así. Santa Fe le brinda la educación artística, los amigos artistas, la posibilidad de pintar y exponer con ellos durante los años jóvenes. Es un pintor, según él, bastante académico, cuando en algún momento, “naturalmente” como dice López Osornio en el epígrafe, se infiltran silenciosamente gestos orientales, delicadas abstracciones que revelan otro universo, otro paisaje secreto quizás muy guardado desde el origen. Presumo que Ishikawa logra, o lo intenta al menos en ese momento, armonizar a través de estas nuevas obras su estar en este mundo sudamericano, su existencia consciente cotidiana, con la honda herencia oriental que sobrevive en su inconsciente y debe/quiere/demanda asomarse con urgencia y apremio a la etapa presente de su vida.

2-El gran hiato.

Kazutaka Ishikawa deja de pintar durante veinticinco años. Como la ciudad sabe, él ha realizado una intensa labor como docente de Organización del Espacio y Diseño Gráfico, en el Liceo Municipal (Sta. Fe) ha tenido gran actividad en la militancia política y gremial por muchos años, y además se desempeña en la función pública en un ámbito muy especial, como es el del resguardo de la fauna nativa en la Estación Zoológica Experimental.

Este enorme hiato termina tres o cuatro años atrás. ¿Se retoma la obra donde se la ha dejado? ¿Se reinicia un proceso no terminado? Difícil camino, los planos blancos que esperan al artista son como un gran vacío, el otro lado, la inminencia de ese nuevo salto que lo llevará, jugado a fondo, a encontrarse consigo mismo, con uno que allí estaba, dentro y fuera de ese blanco, aguardando.

3- Paisajes interiores

El inconsciente produce, no deja de producir, dijo Gilles Deleuze. En el relato de este artista visual, ha comenzado un nuevo capítulo, que recoge la callada producción interior de todos los años en hiato, y suma y procesa esa experiencia de latencia con todo lo que ha albergado y producido durante el tiempo previo de formación y encuentros. Escritura visual sobre blanco, o sobre azul, gestos que atraviesan y fundan espacios virtuales, perceptibles en la fuerza de algunas manchas y pinceladas restallantes, o en la profundidad de las curvas que se van cerrando, proponen la mayoría de las veces la horizontalidad, más afín a Occidente que la verticalidad oriental. Aporte visual, estético, de original creatividad, que sintetiza el universo interior de este artista.

 

Ishikawa, desde y hacia la obra que propone y conforma, se lanza, con un ímpetu que sorprende a quienes lo conocen e interactúan con él. Energía corpórea que el fruidor de estos cuadros percibe casi físicamente, a pesar de la austeridad y la economía que encubren y hacen posible, como corresponde, toda desmesura.

 

Silvia Calosso

Santa Fe, Octubre de 2011

Exposicion FUNDACION RD Ishikawa
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