COLONIZADOR SOLIDARIO – ALBERTO MISEREZ Y MARCELA
Solo sabe dar. A corazón partido trabaja día y noche para llegar a tener los alimentos necesarios para armar los bolsones que dos veces por semana entrega a las familias que llegan hasta su casa del barrio Oeste. La confianza que la gente le brinda con las donaciones lo fortalece y lo impulsan a continuar por la senda de la ayuda permanente.
Confiesa que perdió la capacidad de asombro y lamenta mucho cuando alguien golpea su puerta y no puede ayudarlo. Fue seminarista, estuvo decidido a ser sacerdote y después como nos dijo “se dio vuelta todo”, conoció a su compañera de vida, hoy es padre de ocho hijos, tiene diez nietos y está muy feliz con su familia y siempre agradece a Dios poder ayudar a los que más lo necesitan.
Hace veinte años junto a una religiosa viajaba los domingos a Helvecia para ayudar a los más pobres. Llegaba con ropa, colchones y alimentos. En el ’96 junto a la Hermana Emelia comenzaron a entregar budines y pan dulce a las familias carenciadas del barrio Norte. Después la historia la escribió en esta ciudad y hoy muchos tienen en la puerta de su casa un poco de pan y ayuda para pasar la semana.
Solidaridad, confianza, sacrificio, respeto, emoción, amor y fe. Todo junto en un hombre y su familia.
COLONIZADOR SOLIDARIO – MISION AL IMPENETRABLE
Cada uno de los que llegaba al canal, al festival o en cada escuela lo hacía con el mensaje de “no aflojen”, “confiamos en ustedes”, “es lo que puedo traer” o “fuerza”; fue el mejor respaldo y el mejor combustible para esta gente que deja mucho de ellos para poder llevar adelante esta actividad.
Las donaciones eran para nuestros hermanos del norte chaqueño, que viven en el Impenetrable.
Hacia ese destino por 12da vez viajó una delegación de 20 personas que permanecieron durante una semana recorriendo montes, caminos y senderos para llegar a donde el estado no llega.
Liderados por Juan Escudero encararon un nuevo trabajo solidario con dos camiones repletos de comida, ropa y elementos de utilidad como chapas, velas y agua potable.
Porque el amor permite compartir el pan. Sin búsqueda de efectos marquetineros, con el solo objetivo de servir…
La comunidad de esperanza reconoce ese esfuerzo desinteresado y la Comisión de Comercio del CICAE cree muy justo reconocer esa voluntad, ese trabajo, ese amor compartido.