"Son muchas las condiciones de fragilidad en la que viven muchos hermanos nuestros. Pienso en los ataques que sufre la vida desde el embarazo, con el peligro del aborto, hasta los riesgos de una infancia carente del necesario acompañamiento que garantice su futuro. En el flagelo de la droga que avanza y mata con la complicidad del silencio y la impotencia que manifiesta la autoridad" reflexionó el Arzobispo de Santa Fe.
"En la pobreza y marginalidad que hiere la dignidad del hombre y su familia, con consecuencias irreparables en la vida y desarrollo integral de sus hijos. En la mezquina construcción de una agenda política centrada en el poder, y la ausencia de un diálogo constructivo al servicio de un proyecto de país que incluya a todos. La semilla de lo nuevo necesita de un suelo bien dispuesto para poder dar frutos", agregó el líder de la iglesia católica.
"Es de desear que la luz de la Pascua ilumine el camino de este año electoral. Ante todo, valoremos la política como la necesaria mediación entre las ideas y la realidad. Ella pertenece al ámbito de la ética y está al servicio del bien común. Por ello el político, junto a su preparación y competencia, debe abrevar y sentirse exigido por los valores morales. Alejado de todo enfrentamiento estéril debe ser testigo de un diálogo maduro y ejemplar para la comunidad".
"Estas actitudes elevan a la política y hacen de ella un acto de docencia cívica y de renovada esperanza para el pueblo. Ella necesita del poder, pero no como un bien absoluto que deba conservar a cualquier precio, sino como un tiempo oportuno de servicio en el marco de la Constitución. La obediencia a la ley es un límite que la preserva y ennoblece y que hace, además, al nivel de la misma democracia" reflexionó Arancedo en coincidencia con su mensaje pascual.
El arzobispo había participado en la jornada del martes de una intensa actividad con alumnos, docentes y padres de la Escuela José Manuel Estrada que cumple 50 años de vida. La actividad que se extendió desde la tarde a la noche causó muy buena impresión en el obispo santafesino quien confesó irse reconfortado por la experiencia vivida, el respeto y la responsabilidad del diálogo entablado con la comunidad.