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La loca linda

by jose

Tiene más de un motivo para asquearse de las deslealtades, una concepto vacío en el pejotismo local. Armó una lista que contó con los apoyos de 100% Santafesino, del «Cachi» Martínez,  y el espacio que lidera Alberto Maguid, “Producción y Trabajo”. Hasta las elecciones generales la trataban como a la Juana Azurduy del siglo XXI, hoy, la desconocen. Una locura de la democracia: 570 mil personas pesan menos que 16 (los rubeístas), o que 28 (los pejotistas).

A diferencia de su hermano DT, María Eugenia no habla de forma encriptada, a diferencia de su hermano abogado, ex canciller, ex candidato a gobernador, etc, no le gustan los sapos, sin haber justificado la ingesta. Se equivocó cuando blanqueó en la escena pública que quería auditar la caja que el socialismo tuvo por cuatro años. Para colmo, en la lógica rosqueril, denunció un supuesto y trasnochado pacto entre Luis Rubeo (h) y el gobierno santafesino. Muchas bravuconadas que se pagan con acuerdos (ya endebles) hecho añicos.

María Eugenia es odiada por muchos. Por refinada, por osar citar a Sartre, por sacar el cuadro de Evita del despacho público o por no estar afiliada. Nada, al lado del posible rol que habría tenido Luis Rubeo en el atentado con explosivos al ex diputado Perreta en 1986, del que se habló profusamente en este medio. Por cierto, fue la única de la lista que cuestionó sin vueltas en la campaña al ahora presdiente Rubeo y la denuncia que sobre él pesaba: “Yo hubiese salido a aclararlo”. Un glosario de movimientos políticamente incorrectos que la política no acepta.

No quiso ser candidata a diputada nacional cuando Néstor, hoy conocido como «Él», quiso imponerla. Rechazó ser candidata a intendenta de Rosario cuando CFK le explicó que era la mejor opción. No aceptó y se la bancó, mucho más que cualquier macho, a propósito de la acusación de histérica que le espetó Maguid, justo el día mundial de la no violencia contra la mujer. Y hoy sigue volviendo a Balcarce 50, por todo lo que es.

Es verdad, le cuesta armar consensos, no entiende la lógica del toma y daca y encima dice sentirse sin culpa por no haber llenado la ficha. No correrá sangre ultra K por sus venas, pero tampoco libra su conciencia una lucha con un pasado oscuro, repleto de violencia.

Recuerdo esos días en que el entonces gobernador Jorge Obeid no podía encontrar vasos comunicantes con el colectivo de inundados afectados por el crimen hídrico en los años del menemismo reutemista. Era la flaca, arquitecta, un poco atolondrada al hablar, la que recibía los reclamos, en su despacho en los veranos picantes de Santa Fe. Tengo presente otra vez, que los senadores le sacaron el banquito, en una Asamblea Legislativa que debía votar pliegos para el Tribunal de Cuentas. La ví, golpeando las puertas del bloque del PJ, clamado por reunir quórum, estresada por no lograrlo. La ví, sola, en ése páramo de palabras.

Son así, los Bielsa, no por nada Marcelo es El Loco. Se salen del libreto, son como incurables. Eduardo Galeano escribió una vez que las locas (por las Madres) de Plaza de Mayo fueron durante años un antídoto para conservar la salud mental, en épocas de amnesia.

Ahora, y pensándolo bien, es mejor que la loca linda acompañe el cambio cultural que empezó hace unos años en Santa Fe, desde la oposición o del lugar que ocupe. Prefiero verla allí. Molestando, como hasta ahora.

 

 

Fuente Notife.com

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