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Horacio Varela: Cuando la pasión se transformó en un estilo de vida

by juanmanuel

Después de cada fin de semana de competencia en los galpones de Petit Muebles, frente a Plaza de las Carretas seguían las charlas de lo acontecido en la carrera. Aquel espacio ubicado al norte de la ciudad de Esperanza fue mágico por años y allí adentro innumerables chicos y jóvenes comenzaron a alimentar su pasión por los motores.

 

Horacio Varela, equipo y amigos disfrutando de un fin de semana de carreras. 

 

Por Juan Manuel Sánchez para EDXD.-

 

No hay una fecha en el calendario que indique algo relacionado a Horacio Varela en el inicio del mes de abril. Seguramente recorriendo tiempos pasados, seguramente existió un domingo 1° de abril que lo tuvo como protagonista con su casco y subido a un auto de carreras, pero el calendario no muestra algo significante para recordarlo, su nombre y apellido están constantemente en el inconsciente colectivo de los amantes de los fierros de Las Colonias.

 

Cuando se lo nombra a Horacio Varela los recuerdos desfilan y los más memoriosos seguramente mencionarán aquellas primeras épocas en la década del cincuenta cuando sobre una moto comenzó a desafiar a la velocidad si hasta corrió con la moto que desarrolló el rafaelino Oreste Berta naciendo así una amistad que perduró en el tiempo con el prestigioso preparador radicado en Alta Gracia.

 

Junto a Carlos Kern en 1978. Dos jóvenes de la época que con el tiempo supieron transmitir su pasión por los motores a infinidad de personas en la ciudad. 

Sobre las cuatro ruedas donde supo ganarse un nombre que aún hoy se nombre en categorías nacionales, se inició en categorías zonales de kartings hasta lograr pegar el salto y correr en la desaparecida Fórmula 4, la llegada a los autos de Turismo y aquel título con el Fiat 128 Turismo Santafesino que luego pasaría a ser Fiat del Turismo Nacional y hasta del propio TC2000.

Allí en el TC2000 supo escribir su propia historia a base de esfuerzo, empuje y pasión. Hubo una generación de chicos a los cuáles enamoró con un Renault 18 allá por 1983. Aquel flamante coche de la época que lo compró como auto de calle lo usó una semana y después lo mandó al taller a descuartizarlo para prepararlo y correrlo en una inolvidable época dentro del TC2000.

Con amigos la noche de la presentación del Renault 18 para una nueva etapa dentro del TC2000.

El nombre de Horacio en la ciudad se fue haciendo cada vez más grande y mucho más aún cuando aquellos niños que llegaban a su taller desde distintos puntos de la ciudad llegaban al taller a dar una mano iban creciendo y aquel juego se transformaba en una pasión y así se rendían al paso de la Fuego GTX con los laterales de Chelita que robaba sonrisas y admiración a su paso.

Horacio Varerla compró el casco de la Fuego directamente a fábrica y la estructura la armaron en conjunto entre Daniel «Cholo» Lerithier, Waldemar Caravaglio y un enorme grupo de personas. Se armó en un taller que tenia una maquina especial de soldadura. El factor económico era determinante pero las ganas por progresar y estar entre los mejores del país siempre pesaron más en la balanza.

La inolvidable Fuego de Horacio Varela en la temporada 1990 de TC2000. 

Algunas palabras y apenas una serie de imágenes traigan a la memoria innumerables historias y anécdotas de personas que a lo largo de su vida supieron compartir momentos. «Anécdotas hay un montón pero siempre recuerdo la misma porque fue muy graciosa. Hubo una época donde en el TC2000 se subía al podio hasta el sexto puesto y habíamos terminado cuartos en General Roca con un auto particular armado en Esperanza entre amigos ganándole a equipos oficiales. Nunca habíamos subido al podio en la categoría y fue tan inmensa la alegría que no solo subí yo a recibir el premio sino que lo hizo todo el equipo, nos terminaron bajando porque íbamos a tumbar todo. Ese día lo recuerdo siempre porque fue una gran alegría y el moño a un grupo de muchachos que siempre hizo todo a pulmón», comentó alguna vez en una entrevista para un diario local.

Aquella Fuego de Chelita fue tan famosa que en un circuito la carrera se había tornado aburrida adelante y la lucha estaba entre Horacio Varela y el gran «Loco» Di Palma por el décimo lugar. La gente en el autódromo al no saber el nombre de Horacio pero teniendo en cuenta que peleaba contra un monstruo comenzó a hinchar por «Chelita» y así comenzaron a gritar al paso de la Fuego.

Alguna vez mientras uno de sus hijos, Pablo Varela, levantaba en una cena coronación su título obtenido en la Copa Megane, Juan Perlo, presente aquella noche tuvo tiempo para recordar al gran Varela: «Horacio fue un Quijote del TC 2000, quien como mayor virtud tuvo el respeto de todos dentro y fuera del ambiente. No estaba en sus planes que Pablo (Varela) corriese porque «no quiero que sufra lo que yo sufrí», me contaba. Pero hoy veo que él lo hace de manera diferente y como debe hacerse el automovilismo deportivo: con gran profesionalismo», destacó aquella vez y así sintetizar los grandes esfuerzos económicos y personales de Varela padre para ir a correr a distintos puntos del país.

Debut de Horacio Varela en TC2000. Año 1983 en Paraná. A su lado el gran Rafael Calafell antes que emigrara y comenzara su exitosa campaña en Europa dentro de prestigiosas estructuras y equipos. 

Cuando se nombre a Horacio Varela o se pregunta por él todos lo definen con una sola palabra… Humildad… Humildad: todo lo que tenemos, desde el cuerpo con el que hemos nacido hasta las posesiones más preciadas, se hereda. En la medida en que uno es humilde, adquiere la grandeza en el corazón de los demás. Quien es la personificación de la humildad hará el esfuerzo de escuchar y aceptar a los demás. La mera presencia de una persona humilde crea un ambiente atractivo, cordial y confortable.

Horacio fue eso, humilde… por eso a su paso supo crear ambientes atractivos, cordiales y confortables. Su pasión por el deporte motor lo llevó a realizar innumerables aventuras y locuras de las cuáles siempre hubo personas detrás que lo supieron seguir. Hace tiempo que Horacio dejó este mundo para buscar allá arriba nuevas historias y seguramente algún fierro encontró para armar y así acelerar entre las nubes, acá abajo dejó su propio legado casi sin saber… Innumerables pibes de aquella época en parte abrazaron la pasión por el automovilismo deportivo simplemente porque en silencio, humildad y corazón supo transmitir su pasión de toda la vida.

En la grilla de partida de Balcarce junto a su equipo en el TC2000 temporada 1990. 

Alguna vez brindó una charla en un colegio para hablar de lo que más le gustaba, los motores y aquella charla se cerró con la respuesta a una última pregunta: «Corro porque me gusta, porque es mi gran pasión, mi vida es un gran motor de competición y mientras tenga la posibilidad de hacerlo seguiré acelerando. Hay cosas en la vida que no tienen explicación, el deporte motor en mi vida es una pasión y no hay respuestas a semejante amor», había sintetizado entre sonrisas.

El inolvidable Horacio Varela ya no está entre nosotros pero mientras exista una simple charla entre fierreros de la zona o donde surja algún recuerdo de tiempos dorados del automovilismo deportivo argentino, allí estará su nombre, uno más en la lista de históricos gladiadores que desde el anonimato y con mucho sacrificio aportaron su granito de arena para que las páginas del deporte motor argentino sea cada vez más grande.

Parte final del cumplimento de la promesa. Campeones con el Fiat 128 Santafesino en 1982 y se fueron en bicicleta desde Esperanza hasta Córdoba.  «Colita» Gonz{alez (con sólo 14 años), «Gallego» Gonzalez, «Mono» Rey y Horacio … «Caña» y un pequeño Pablo Varela en la Gladiador cómo auxilio. Fueron en total tres días y en dos, llovió. 

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