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Guadalupe: Sigue la puesta en valor de la Basílica

por jose

Una estructura metálica recubre la fachada de la Basílica Ntra. Señora de Guadalupe: es el imponente andamio de 50 metros de altura donde trabajan los ocho restauradores de su fachada principal y cúpula. La estructura de caños, una especie de edificio traslúcido, dista de ser sólo un detalle. Su montaje fue el único modo de acceder a la cúpula y a la cruz, y su alquiler abarca buena parte del costo de la restauración.

El monto total de la obra es de $ 2.621.237, que son aportados por el gobierno provincial en cuatro entregas. La primera fue en junio, de $ 656.237, y se espera que los próximos días se efectúe la segunda. Los trabajos se realizan en descenso, lo que prevé estimar que llevarán al menos seis meses. El tradicional Festival Folclórico de Guadalupe es el 16 y 17 de enero, y la comunidad de la Basílica espera poder presentarla remozada, si bien los plazos de obra son mayores.

El armado del andamio comenzó los primeros días de julio y llevó casi un mes. Los primeros frutos de las obras recién fueron perceptibles en la misa de este domingo: la cruz de la cúpula se ve blanca (ver “El crucifijo”) y atrae la mirada de fieles y peregrinos.

Los trabajos son dirigidos por el Ing. Alberto Tosti, quien lleva adelante las obras de restauración de la Basílica desde 2004. De allí a esta parte, si bien el santuario recibió fondos del Estado provincial, la mitad de las obras se realizó en forma ininterrumpida gracias a la contribución de los fieles. Sin embargo, las tareas necesarias en la fachada y la cúpula implicaron una obra de envergadura imposible de costear de ese modo. La cruz de la parte superior estaba inclinada, había partes de la mampostería y arreglos del pórtico que se habían desprendido con el paso del tiempo y fisuras que provocaban humedad en el cielorraso y arruinaban el trabajo realizado en el interior del santuario. 

Todo implicaba armar un andamio cuyo alquiler rondaba el millón de pesos.

Fortalecer, restituir y cambiar

Las tareas sobre el andamio comenzaron este mes. El delegado episcopal de la Basílica, Pbro. Olidio Panigo, sintetizó las obras en “fortalecer lo que estaba débil, restituir a su lugar lo que se cayó y cambiar lo que estaba roto”. El ingeniero Tosti detalló que la primera acción fue el lavado con cloro de la fachada principal, seguido de su hidrolavado.

Se continuará con el desprendimiento de las rosetas de la cúpula que están dañadas y que provocaron la filtración de agua y humedad en el interior, pintado en los últimos años. “Se están haciendo moldes para replicar las rosetas —una especie de hoja doblada hacia afuera— y reemplazar las que están rotas, sólo quedarán las que resistieron la erosión del agua y el viento”, explicó Tosti.

La superficie exterior se está reparando con morteros especiales donde hay fisuras y en los lugares que está desprendido el revoque se va a aplicar hasta la pared. También se van a restaurar las balaustras que están en los balcones.

Entre otros detalles, se cambió el viejo pararrayos Franklin por otro de tipo activo. Ubicado en la parte de atrás de la Basílica, amplía el radio de cobertura de 30 a 70 metros y para un 90% de rayos.

El sistema de iluminación también se renueva: se cambiarán las luminarias por LED de bajo consumo y buena prestación. “Hay indicios de que nunca antes se pudo subir hasta la cúpula —explicó el ingeniero—, por eso tenemos que instalar un sistema con elementos que se puedan desmontar desde abajo, sin necesidad de volver armar semejante andamiaje”.

A su rol profesional, Alberto Tosti suma el ser vecino de Guadalupe. Desde allí, se enorgullece con los avances: “El desafío es que los trabajos resistan al tiempo y no sea necesaria una nueva intervención al menos en los próximos cien años”.

El crucifijo

La cruz de la Basílica de Guadalupe mide 2,40 metros de alto y 1,44 de ancho, y tiene un círculo de hierro en el centro que tiene 57 cm de diámetro. El dato era, hasta el viernes desconocido: pudo saberse gracias al imponente andamio que se montó para alcanzarla y repararla.

El Ing. Alberto Tosti, quien lleva adelante las obras de restauración, contó que hallaron indicios de que nunca antes se llegó hasta la cruz y tenía elementos desprendidos: “Se tuvieron que hacer elementos de herrería artística para reemplazarlos”, explicó Tosti. 

En la base, el crucifijo tiene 4 hojas que señalan los puntos cardinales y tienen su simbología teológica: “Del árbol de la cruz surge la vida nueva”, explicó el delegado episcopal de la Basílica, Pbro. Olidio Panigo. Una de las hojas estaba quebrada en su punto de amarre, por lo que debieron quitarla y hacer la hoja a partir de un molde, en repujado de hierro. 

El color blanco de la cruz que hoy llama la atención de los peregrinos no será permanente: es el color del convertidor aplicado tras quitarle la herrumbre. El paso siguiente será aplicar a la cruz el mismo material de la fachada “para que pueda resistir la erosión del tiempo”, dijo el ingeniero.

 

 

Fuente y fotos El Litoral

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