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Fiesta de Guadalupe

por jose

Como todos los años Santa Fe se prepara para celebrar la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Celebrar es hacer memoria agradecida de un hecho que ha marcado la vida e historia de una comunidad. La celebración hace presente y trasmite las razones que dieron origen a una tradición. Por ello celebrar es un signo de vida, de raíces y de futuro. La presencia de la Virgen de Guadalupe, que tiene su razón de ser en la vida e historia de nuestra comunidad, hay que saber leerla. La lectura de este hecho nos muestra cómo nació en el pueblo y fue despertando una creciente devoción.

Esto nos permite comprender porqué ha sido declarada Patrona de Santa Fe. Qué triste cuando no se conoce ni valora el significado de una tradición que nace de la fe y experiencia de una comunidad, y fue marcando un camino de encuentro con Dios en este preciso lugar y en torno a esta venerada imagen, y que se convirtió en patrimonio y un punto de referencia para la fe de los santafesinos. Con esta conciencia agradecida vamos a Guadalupe.

En este año de la Vida, Guadalupe nos convoca a peregrinar a la Basílica bajo el lema: “Madre, danos fuerza para amar y servir a la vida”. La figura maternal de la Virgen María es la que ocupa un lugar destacado en esta Fiesta, como lo fue en esa historia única de ser la Madre de Jesucristo. Este es el lugar que su Hijo le asignó en la Iglesia cuando al pie de la Cruz le dijo: “Mujer aquí tienes a tu hijo”, señalando al discípulo amado y, luego le dice: “Aquí tiene a tu madre”, desde aquel momento, concluye el texto: “el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19, 26-27).

Hoy queremos agradecerle a María su permanente presencia intercediendo por nosotros ante su Hijo. La devoción católica a la Virgen tiene su centro en Jesucristo, el único mediador entre Dios y los hombres. Ella nos orienta hacia él y nos sigue diciendo, hoy, como ya lo dijo en el Evangelio: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5). Acercarnos a la Virgen es renovar nuestro encuentro con Jesucristo y vivir de su Palabra y de los Sacramentos que él nos ha dejado. Este mensaje de la Virgen es el que se vive y renueva cada año en Guadalupe.

La vida humana no es una idea, ella existe en cada hombre concreto. Hablar de la dignidad de la vida humana significa, por lo mismo, hablar de la dignidad de todo hombre y a lo largo de toda su vida. Es la ciencia la que nos dice que esta vida ya existe desde el embrión, es decir, desde la concepción estamos ante la realidad de un nuevo ser con identidad genética propia. Este hecho, que marca el inicio de una vida nos compromete en toda su historia, principalmente desde su embarazo, pero también en su nacimiento, educación y desarrollo integral.

Desgraciadamente el cuidado de esta vida padece, en una sociedad que proclama sus derechos y dignidad, de una orfandad que nos debe preocupar, comprometer y movilizar. La importancia de este tema no admite ambigüedades, requiere de una clara definición legislativa que tutele el valor de toda vida humana. Esto venimos a pedirle a la Virgen en Guadalupe: “Madre, danos fuerza para amar y servir a la vida”.

A la espera de encontrarnos en la Basílica para testimoniar nuestra fe en Dios y nuestro amor a Nuestra Madre en Guadalupe, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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