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Erica Hynes: “Ciencia y tecnología: una política de Estado que llegó para quedarse”

by jose

El 11 de diciembre asumió como Ministra provincial de Ciencia y Tecnología. Vinculación con el sector productivo, articulación con todo el gabinete y plan a cuatro años. Y, en paralelo, el desafío de trasladar una fuerte impronta feminista a su gestión.

Por Nancy Balza – Diario El Litoral

“Lo primero que me traje a este despacho es esta botellita violeta con la leyenda ‘Más igualdad, mejor ciencia’, de la campaña de perspectiva de género que hicimos en la UNL y que incluía objetos intervenidos”. El dato sintetiza parte del contenido de la charla con Erica Hynes, designada por el gobernador Miguel Lifschitz como ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, en reemplazo de Eduardo Matozo.

Hynes asumió en esa cartera el 11 de diciembre pasado, luego de 7 años y diez meses al frente de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Litoral, una función con similitudes y diferencias de la que desarrollará en adelante, y donde, además, impulsó junto con colegas, una interesante tarea de difusión y concientización sobre la participación de las mujeres en esos campos.

Por eso, el diálogo se desarrolla por dos carriles, los de gestión y compromiso en forma paralela. O no tanto porque, como se verá, ambos son posibles de reunirse.

Mientras tanto, Hynes reconoce que “fue raro estar de un día para el otro a dos cuadras, pero no estar allá”, en referencia a la UNL de la que rescata la calidad del equipo que la acompañó en su gestión. Igual planea seguir vinculada a esa casa de estudios, al frente de “Química, Nutrición y Legislación de Alimentos”, la asignatura que la tiene como docente titular ordinaria en la Facultad de Ingeniería Química y que dicta los lunes a las 8 de la mañana, como para inaugurar la semana académica de alumnos y alumnas.

—¿Cómo estás planteando la gestión para los próximos años? ¿Se van a recuperar acciones que ya se venían desarrollando?

—Primero, creo que es interesante destacar que la provincia, desde que gobierna el Frente Progresista, ha tenido la política de incrementar la ciencia y tecnología, de visibilizar el lugar de esta función, primero, otorgándole rango de Secretaría de Estado, luego de ministerio y a lo largo de estos diez años de gobierno, incrementando los recursos y creando la Agencia Santafesina de Ciencia, Tecnología e Innovación, en un primer momento por decreto y ahora por ley a partir de la norma sancionada el último 30 de noviembre. Esto muestra que hay un consenso de todos los actores del Frente, del gobernador Miguel Lifschitz, de legisladores y funcionarios. Y la impronta del ministerio, en cuanto a su vinculación con el sector productivo y con el sistema científico estableciendo esos diálogos, es una cuestión que quiero mantener y consolidar. Es un tema sobre el que se habla, pero no es sencillo de hacer, no sólo porque se hace alusión a que los tiempos son diferentes en la academia y en la producción y que son distintos los “idiomas” que se hablan; me gusta hacer hincapié no tanto en esa dificultad, que existe, sino también en la necesidad del entramado productivo de agregar valor. Cuando eso está claro en un Estado subnacional, cuando agregar valor conviene, hay un apoyo estatal para que tenga importancia. En la provincia están dadas las señales para que producir e innovar sea buen negocio para nuestras empresas y eso es lo que estamos tratando de afianzar desde todo el gabinete provincial, en un contexto difícil.

—¿Es un objetivo compartido con otros ministerios?

—Ese es otro hito que me interesa marcar con mi gestión: la articulación con otras carteras, sobre todo la productiva, con la cual hay una necesaria relación; con Educación, porque la formación en ciencias es un tema que le interesa mucho a la ministra (Claudia) Balagué y también a mí, y con todo el gabinete. Porque lo que producen los científicos de Santa Fe no solamente le sirve al sector productivo, sino también al propio Estado y a la ciudadanía en general.

—¿Cuáles son las principales metas de tu gestión?

—Hasta terminar el mandato del Ing. Miguel Lifschitz y siempre pensando en el futuro, hay que continuar con este concepto de que la ciencia, la tecnología y la innovación en Santa Fe es una política de Estado que llegó para quedarse, y todas las acciones desde el ministerio deben ir orientadas a consolidar ese camino. Una de las cuestiones que nos planteamos es la realización de un plan a cuatro años, como indica la ley, más allá de que trasciende el ciclo de las elecciones, para dejar plasmado un camino en el sentido de que lo está haciendo también la administración provincial donde hay un plan de obras. Son cuestiones que se van concretando, pasos que se van dando como la inauguración de Cemafe. El desafío de la gestión pública es planificar. Por supuesto que hay que atender lo urgente, pero también es necesario marcar un norte y trabajar en ese sentido y si está fundamentado con la comunidad científica y el entramado productivo que requiere esos servicios y esa asistencia, va a perdurar. Ese es nuestro rol.

DE LA ACADEMIA A LA FUNCIÓN PÚBLICA

—Venís de un campo conocido, al frente de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Litoral. ¿Qué diferencias y qué afinidades encontrás en estos cambios?

—La afinidad, sobre todo en mi caso, es el conocimiento del sistema científico. Después de ocho años de gestión, conozco mucho a la gente del Litoral. También he trabajado con científicos rosarinos, y a muchos no los conozco personalmente, pero sí por su producción. Esa es una impronta que va a seguir. Por otro lado, el gran desafío es conocer más a los actores del sistema productivo. Ya empezamos a recorrer el territorio, y ése es otro hito que cambia completamente con respecto a la universidad, que es una comunidad más pequeña, con unos 40 mil estudiantes y 4 mil docentes, de los cuales el 50 por ciento son investigadores. Acá todo se multiplica: el territorio, las distancias son largas; es otra forma de hacer gestión, es política desde afuera y no dentro de la academia.

—Es un ámbito más pequeño el de la universidad, pero con mucha proyección: en 2017 tuvo un reconocimiento internacional muy importante.

—Sí, este año la UNL se posicionó tercera en un ranking dedicado específicamente a investigación, detrás del Conicet y la UBA. Este ranking (SCIMago Institutional Ranking) mide la producción independientemente de su tamaño y, de esa manera, logramos destacarnos en ese tercer lugar. Porque cuando se mide cuánto se publica o cuánto se patenta, las instituciones más grandes están siempre a la cabeza. En Santa Fe, tanto en Rosario como en el Litoral, hay lugares como el Inta, el Inti, centros de producción de conocimiento y también un entramado productivo, sobre todo de Pymes, muy valioso. El desafío es lograr que ese conocimiento que se produce sea relevante para las Pymes y logre un impacto en términos de desarrollo económico.

COMPROMISO DE GÉNERO

—Dentro de la universidad, trabajaste mucho en el tema de género y la presencia de las mujeres en el ámbito de las ciencias y tecnologías. ¿Es posible trasladar esa impronta al ministerio?

—La perspectiva de género, cuando está incorporada, se traslada adonde una va. Las feministas decimos: “Nos pusimos los lentes violeta y ahora vemos todo el mundo a través de su cristal”. Vengo de una militancia feminista en mi partido y fuera de él. Acá son diferentes los enfoques: en materia de perspectiva de género, vamos a tener una diversa variedad de instrumentos para la gestión, pero también acciones de comunicación científica. Es vital romper con los estereotipos y lograr que más niñas y jóvenes se interesen por las carreras científicas. Otro desafío es dialogar con las empresas para que no haya tantas barreras y obstáculos para las mujeres.

Ayer -por el jueves 21- asistimos al cambio de autoridades en la Universidad Tecnológica Nacional, regional Santa Fe, y vimos con mucho gusto que las tres abanderadas, mejores promedios de la Universidad, son estudiantes de Ingeniería. Nuestro desafío es que esas jóvenes, además de graduarse, consigan buenos trabajos de ingenieras. Porque muchas veces sucede que se las destina a trabajos de tipo administrativo o de gestión, y no tanto a la producción, por una serie de cuestiones que tienen que ver con su dedicación a trabajos de cuidado, con el miedo de las empresas a que después no cumplan. Son un montón de cosas que hoy en día se sabe que no descansan en evidencias, sino en prejuicios. Un trabajo desde el ministerio es tratar de que las jóvenes tecnólogas e ingenieras puedan realizar carreras, en un marco de mayor igualdad de oportunidades.

—En los últimos años se lograron ciertos avances en la participación de las mujeres en ciencia e investigación. ¿Dónde está el techo?

—Un estudio realizado en Norteamérica y centrado en las ingenierías indica que, siguiendo la carrera de estas profesionales, se tiene que las mujeres la eligen por los mismos motivos que los varones: porque son buenas en ciencias, les gustan los desafíos de resolver problemas, trabajan bien en grupo, se destacan en matemática. Y luego se empiezan a ver los motivos por los que dejan la carrera y se dedican a dar clases, a trabajar en un laboratorio y no a los problemas de la ingeniería propiamente dichos. Ahí aparece que, cuando llegan por primera vez a un trabajo, se les plantean desafíos menos interesantes que a los varones; se les dan trabajos de administrativa, de oficinista o para microgestión y no tareas desafiantes. Otro problema es que cuando jóvenes ingenieros e ingenieras llegan a una fábrica siempre hay episodios de puesta a prueba, y mientras los varones rápidamente construyen redes y se contienen, las mujeres no son incluidas. Después hay casos de discriminación con respecto a la vida personal: se les pide a las mujeres que balanceen su vida privada con el trabajo, cosa que no se pide a los varones que, en cambio, la delegan en sus parejas, en caso de que esas parejas sean mujeres. Además, nunca llegan a contar su currículum, siempre está el filtro personal: si tienen novio, si piensan o no en tener hijos. Esa es una gran dificultad que en la Argentina se ha superado por una cuestión pragmática y es que hay pocos ingenieros. Entonces, cuando se terminan los candidatos varones, empiezan a elegir a las candidatas mujeres y se ve que hacen un buen trabajo en todos los puestos.

—Algunas cosas cambiaron.

—Y esos cambios mejoraron la situación de las investigadoras. Hasta el año 2000 no había licencia por maternidad. Y no es que la institución dio esta discusión: fue iniciativa de la feminista Dora Barrancos (socióloga e historiadora) que, como integrante del directorio del Conicet, obtuvo el consenso para que esto cambie. Si no, el tema era discrecional: cada director podía otorgar o no tiempo a las becarias para el cuidado en los primeros meses del bebé. Hoy en día se ha logrado un alargamiento en las edades y se prolonga 3 meses la beca. Ahora la discusión es por las licencias por paternidad.

—¿Cómo fue tu carrera?

—Sin saberlo siempre fui una transgresora. Fui a la escuela técnica de Esperanza donde éramos tres mujeres y había 250 chicos. Así que desde ese momento mi relación con la cuestión de los géneros ya se planteó desde una forma atípica. Después, en la vida personal no viví las cuestiones de los obstáculos como invalidantes sino, por el contrario, como desafíos. Hay mujeres que empezaron conmigo y no están acá, no están siendo ministras ni han sido investigadoras independientes del Conicet. Hay un video de Neil deGrasse Tyson que es un gran astrofísico y, además, es negro: él dice que cuando quiso seguir esa carrera la gente le decía: “¿No querés ser atleta?”. Porque estaba fuera del radar de sus profesores, padres y mentores que fuera científico. Y cuenta que todos esos obstáculos que se le ponían en el camino eran combustible para sus ganas de ser. En mi caso, todas las cuestiones de imposición de estereotipo me rebelaban y me generaban más ganas de hacer lo que quería.

CÁTEDRA

La gestión de Erica Hynes al frente de Ciencia y Técnica de la UNL finalizó con novedades: en noviembre fue aprobada la Cátedra Abierta de Género, Ciencia y Tecnología, radicada en la secretaría que ocupó hasta los primeros días de este mes y que coordinará junto con la docente e investigadora Silvia Wolansky. La integran representantes de otras facultades, en un plantel que está previsto ampliar.

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