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Becchio cambió su voto y Rafaela seguirá doble mano

por jose

Los políticos suelen preguntarse los motivos por los cuales sus preocupaciones suelen no despertar interés social, por qué no los votan o cuáles son los motivos de la distancia entre la sociedad y sus dirigentes. El primer proyecto debatido ayer en la sesión pública del Concejo Municipal muestra claramente que están muy lejos de la realidad, la preocupación y los tiempos de resolución de conflictos de la gente.

 

En esta opinión no sólo incluyo a los siete concejales, sino también a la intendenta y su «equipo técnico», todos protagonistas de un barro político que procura ensuciar al adversario, que busca que los vecinos se enojen con el otro y que sólo logran demorar la ciudad.

 

Esperanza no cambia su desarrollo por el sentido de una calle, pero lo sucedido con el proyecto de cambio de sentido de cuatro cuadras de calle Rafaela refleja cómo nadie es capaz de mirar primero a la ciudad y después su ombligo.

 

El 1º de Julio el Concejo Municipal votó una ordenanza que modificaba el sentido de circulación de calle Rafaela entre Colonizadores y Cullen, quitaba en el tramo pavimentado el doble sentido y le colocaba sentido Norte – Sur. Esa ordenanza fue aprobada con los votos de los concejales Oggioni, Martínez, Cammisi, Grenón y Becchio.

 

La intendente se opuso y envió un veto con serios yerros técnicos, colocando en su argumento otras calles que están contempladas en ordenanzas diferentes. Incluyó en su oposición el sentido de calle Maipu y el de calle Hipólito Irigoyen, contemplados en ordenanzas específicas.

 

Al considerar el veto en el recinto en la jornada de ayer, el concejal Hugo Becchio (Pro) apoyó la postura del Frente para la Victoria y cambió su voto original con el curioso discurso de decir que quería cambiar el sentido de la calle, aunque votó otra cosa.

 

La concejal Andrea Martínez le puso orejas de burro y los mandó al rinconcito para pensar (rememorando la expresión de Martín Carrizo) a la Intendenta, a sus dos secretarios de gobierno Anza y Gómez y puso en dudas la capacidad técnica de la directora de tránsito. Explicó con claridad que el veto escrito y firmado por Meiners era un gran bochorno jurídico.

 

Como es habitual en el debate político por cualquier tema, uno le dice al otro que procura impedir, el otro que siempre se victimiza y la grieta se mantiene activa. Más de 40 minutos discutieron el veto por el sentido de circulación de cuatro cuadras de una calle. Era televisado en directo y no les dio vergüenza.

 

Al no contar con cinco votos, la ordenanza que cambiaba el sentido de circulación de calle Rafaela no pudo ser implementada, quedará en doble mano y quizás esa sea una simple anécdota. Lo más trágico es que se trata de la Ordenanza 3289/99, elemento legal madre del sentido de circulación de todas las calles de la ciudad, las cuales no podrán ser modificadas por el término de un año.

 

La historia puede ser peor porque podría judicializarse el veto que firmó Gómez cuando era Secretario de Hacienda y no Anza que debía hacerlo por tratarse de su área. Otros avanzarían con una pericia caligráfica sobre la firma de la intendente ¿?

 

Oggioni preocupada por lo que dirán los periodistas, Cammisi señalando al PJ por la soberbia del veto y el mal comienzo del diálogo político con el nuevo Secretario de Gobierno, Elena diciendo que otra vez la UCR quiere imponer sin informes técnicos y Becchio feliz porque todos los medios pauta dependientes le darán espacio hoy para explicar que se opuso al cambio de circulación aunque lo quiere.

 

A veces pienso que todo este bardo es para entretener a la gilada mientras los proyectos más importantes como el cambio del distrito de un loteo que generará ganancias millonarias avanza sin demasiada trascendencia.

 

La gente mira atónita y no puede creer que se hayan destinado 5 meses de trabajo, folios de expedientes, informes técnicos y espacios en los medios con encuestas a vecinos y opiniones políticas, para intentar cambiarle el sentido de circulación a cuatro cuadras de una calle y que todo quede como está.

 

Un claro ejemplo de celos partidarios, estupideces menores y políticos fuera de foco que hablan de consenso pero no son capaces de llevarlo a la práctica. Cóctel perfecto de la decadencia de una ciudad que no genera oportunidades de crecimiento, pierde la batalla de seducción y gestión frente a otras ciudades y sabe a la perfección responsabilizar a otros de sus propios fracasos.

 

¿Alguien es capaz de hacer una autocrítica? Sería un buen comienzo.

 

 

 

José Zenclussen

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