Inicio Noticias Arancedo y la Fiesta de la Virgen de Guadalupe

Arancedo y la Fiesta de la Virgen de Guadalupe

por jose

Este fin de semana celebramos la 114° Peregrinación Arquidiocesana al Santuario Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, madre y misionera de Santa Fe. Somos convocados bajo el lema: María, peregrina de nuestra Fe, llévanos a Jesús. Nuestro caminar se inscribe en esa histórica y fecunda tradición que ha cuidado y animado la fe del pueblo santafesino. En el Santuario nos sentimos como en nuestra casa, por ello nuestro primer sentimiento es de confianza, de alegría y gratitud.

¡Qué importante para la fe y la cultura de un pueblo es tener una referencia que de sentido de pertenencia! En Guadalupe reconocemos un signo maternal de su presencia que nos acompaña, nos une y orienta nuestra mirada a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

En el Año de la Fe la queremos contemplar desde el evangelio como peregrina. Así la definía el Concilio Vaticano II: «La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe» (L.G. 58). Este camino se inicia el día de la Anunciación cuando responde con generosidad: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc. 1, 38), y tendrá luego su momento de dolor al pie de la cruz, donde recibe la misión de ser madre de todos: «Mujer, aquí tienes a tu hijo» (Jn. 19, 26). Esta verdad de Dios en ella se hará gozo eclesial y misionero finalmente en Pentecostés. Vivió este peregrinar de fe, que no estuvo exento de incertidumbre y dolor, con la firmeza de la esperanza. La fe no es algo mágico que nos da un conocimiento anticipado de lo que va a suceder, ella se apoya en la certeza del amor providente de Dios que no nos abandona. Por ello, en la respuesta a su prima Isabel que la felicita: «por haber creído», le responde con su canto de alabanza que nace de la fe y la confianza de la humilde servidora: «Mi alma canta la grandeza del Señor» (Lc. 1,45-46).

La fe es un don que nos introduce en la verdad profunda de ser hijos de Dios, en quien descubrimos la grandeza única y personal de nuestra vida. Desde la fe no somos alguien más, somos hijos amados por Dios que tenemos una misión propia en este mundo. Esta fe se apoya y alimenta en la palabra y el testimonio de Jesucristo, que ha venido para hablarnos no solo de Dios, sino de nosotros y del sentido de nuestra vida. Él es el testigo fiel que nos revela a Dios, que es su Padre y nuestro Padre, y a enseñarnos el camino que da sentido y plenitud a nuestra vida. Por ello, la mejor definición que él nos da sí y que se convierte para nosotros en un programa a seguir es: «Yo soy el Camino, la Verdad y la  Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn. 14, 6). Esto es lo que venimos a pedirle a María como Madre en esta Peregrinación a Guadalupe: María, peregrina de nuestra Fe, llévanos a Jesús. Toda auténtica devoción a la Virgen tiene como meta a Jesucristo y como hogar la Iglesia. Jesucristo, María y la Iglesia tienen su origen en el plan creador y salvífico del amor de Dios.

Que Nuestra Madre de Guadalupe nos lleve a su Hijo Jesucristo, y en él seamos miembros vivos y comprometidos de su Iglesia. Reciban de su obispo junto a mi afecto y oración, mi bendición en el Señor y María Santísima.

Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Tambien le puede interesar