Aquella esquina de la ciudad que por décadas respiró “música”

Imposible olvidar el edificio ubicado en las calles Lehmann y Sarmiento. Cuando se hable de música en Esperanza, siempre alguien nombrará la esquina de Sarmiento y Lehmann la de Gerardo Naz Música... La de Gerardo Naz Música y Letra. 

Gerardo Naz junto a su acordeón en tiempos de “Característica Arizona” recorriendo Las Colonias a pura orquesta. 

Imposible olvidar aquel espacio de instrumentos y sobre todo mucha música. Aquel sótano que desafiaba nuestra imaginación y siendo pibes hasta creíamos que allí abajo se cocinaba toda esa apasionada música que después con orgullo se ofrecía en las vidrieras.

Cuántas veces de paseo por la pequeña Esperanza había una serie de pasos obligados hasta Lehmann y Sarmiento para “ver” la música colgada en esas amplias vitrinas que te invitaban a querer llevarte todo a casa, cerrar los ojos y apretar con ganas el play.

Hoy la disquería de Gerardo Naz es un lindo recuerdo, como tantos que marcaron una época y siguen vivos porque se mantienen vivos en la memoria pero sobre todo en el corazón. Allá a mediados de la década del sesenta Argentina no quedaba afuera de aquel período cultural tan importante del siglo XX y casi al ritmo que se imponían nuevas modas y cambios culturales, en una pequeña localidad de Las Colonias se abría una casa de música, toda una novedad para la época.

Gerardo Naz venía del palo de la música. Había sido músico, más precisamente acordeonista del grupo “Característica Arizona” y así comenzó a mediados de los sesenta en esa clásica esquina, vendiendo instrumentos musicales, reparándolos y tiempo después casi sin saber lo que generaría, anexo la venta de discos. Época en la que los discos de vinilo recién comenzaban a salir.

De los discos al radio grabador 

En tiempos donde la comunicación apenas era eso, comunicación… Los discos se compraban vía catálogo que traía el viajante que llegaba con una valija cargada de ilusiones desde Buenos Aires. Aquel vendedor pasaba por la ciudad una vez al mes y entre su visita y la llegada del material pasaban unos siete días.

El material solo se conseguía en Buenos Aires y todo venía desde allí. Los viajantes llegaban con algún que otro adelanto de lanzamientos, generalmente eran los más fuertes, y de allí en más era solo confiar en el instinto de uno y el conocimiento que tenían en la disquería de acuerdo al gusto de los clientes.

Eran épocas tan maravillosas, de las cuáles no pasó tanto, que muchas lo bueno era cuando el material discográfico era difundido por radio y posteriormente por televisión porque esos actos generarían que las ventas en la esquina se incrementaran de manera notable.

Todo marchaba bien, y en los primeros tiempos no existía la posibilidad de “grabar” pero los ochenta llegaron con todo y aquella trampa se pudo comenzar a realizar de la mano de los famosos radio grabadores doble casetera y eso inició la erosión del negocio del disco. Las ventas disminuyeron notablemente, aumentó la grabación “pirata” que jamás pudo ser combatida por las compañías discográficas ni por SADAIC y CAPIF.

Aquellos tiempos

La esquina de música y letra aún guarda innumerables historias y tesoros que mientras sigan siendo recordados jamás quedarán en el olvido. Historias como en aquellos años cuando el precio de un disco variaba de acuerdo a la suba o baja del dólar pero que solo podían enterarse cuando el viajante llegaba desde Buenos Aires con las novedades o entre disquerías comenzaba a pasarse la información. También hubo épocas buenas como aquella política liderada por Domingo Felipe Cavallo que permitió que el peso tenga el mismo valor que el dólar y con el advenimiento del CD y una gran inyección en ventas se logró un redescubrir de la música con el nuevo formato que llegaba por aquellos tiempos al país.

Cada época deja sus sellos y la música no puedo quedarse afuera. Hubo clientes de todos los colores pero temas musicales tuvieron su tiempo y generaban que las personas lleguen a la disquería a buscar tal hit y así aquella publicidad de los cigarrillos Jockey Club llevó a vender innumerables discos de aquella banda de sonido simplemente por aquella publicidad que se podía observar algunos segundos por televisión.

El frances Claude François y su “Llora el teléfono” generó impensadas ventas de aquel disco en el local de Gerardo Naz como el disco Mau Mau de Roberto Carlos que tenía como gran hit “Un gato en la Oscuridad”.  Un joven Roque Narvaja se ganaba un espacio en una de las vidrieras de calle Lehmann con “Un extraño de Pelo Largo” que venía en un disco de La Joven Guardia.

Más acá en el tiempo tener los discos de María Martha Serra Lima, Julio Iglesias o Sergio Denis era sinónimo de excelentes ventas o cuando llegaban las Fiestas de Navidad y Año Nuevo la música de cumbia y cuarteto disparaba las ventas de una manera increíble. Ya en los noventas y con el CD como gran vedette uno de los mayores éxitos de venta fue el Grandes Ëxitos de Queen o el Romance I de Luis Miguel que en su primera etapa de boleros lo que parecía olvidado en las bateas de las disquerías y gracias a un enorme aparato de difusión se convirtió en un objeto muy preciado.

La música siempre fue una buena opción a la hora de realizar un regalo para fiestas u ocasiones especiales y Gerardo Naz siempre estuvo al pie del cañon para que el cliente quede bien llevándose un regalo.

Cada 31 de diciembre, después del brindis, se abrían las puertas del local, Vicente Albute pasaba música y los vecinos de la ciudad se acercaban a disfrutar de bailes y buena música. 

Momentos

El libro de la historia de la disquería de Gerardo Naz va y viene de un lado a otro y parece imposible detener. Los recuerdos salen a la luz y los momentos vividos parecieran florecer una vez más para no irse jamás… Si hasta alguna vez la propia “Mona” Giménez pasó por el local y se quedó hablando de música con Gerardo Naz. El famoso cuartetero cordobés llegaba a Esperanza para brindar un recital en la Asociación Deportiva Juventud y ese mismo día el viajante de su sello discográfico llegaba al local. Naz y compañía fueron a buscarlo al hotel que estaba a pocos metros de la disquería pasando así un grato momento y dándose espacio en la clásica esquina a firmar autógrafos y contar innumerables anécdotas.

La esquina de Gerardo Naz no solo era un local comercial de música, sino que además era un espacio de amigos. Fue allí en ese ámbito donde tuvieron la brillante idea que perduró por años que cada 31 de diciembre después del brindis, aquella barra de amigos abra el local y las manos mágicas de Vicente Albute comenzara a pasar música para aquellas personas que se sentían grandes de edad para ir al boliche, o por no tener una moneda en el bolsillo no poder salir, la llegada del Año Nuevo se recibía a pura música en una esquina que quedaba vedada al tránsito y solo quedaba lugar para unas copas, bailes y buena música. Un clásico que duró varios años cada 31 de diciembre y quiénes tuvieron aquella brillante idea aún guardan el mejor recuerdo de aquellas noches.

Alguna vez asomó por la disquería Marcos Camino, uno de los creadores de Los Palmeras, preguntando si el local seguía perteneciendo a Gerardo Naz. Su primera acordeón, una Hohner la había comprado allí. Después de aquella vuelta al negocio era común que Marcos Camino pasara de vez en cuando por el negocio y esté horas hablando de música junto a Naz en el sótano del local.

Daniel Naz junto a Carlos “La Mona” Giménez en una visita al local de Lehmann y Sarmiento. 

Todo sigue

Toda historia y generalmente las más maravillosas tienen su fin y el local de Gerardo Naz debió una tarde bajar sus persianas. El avance de la tecnología y la aparición de redes sociales posibilitó que la gente baje con mucha facilidad la música pasando de un formato físico a los formatos digitales y así fue imposible sostener una estructura cuando nadie más compraba discos.

Hoy se pueden bajar listas y catálogos completos de música sin pagar un peso dañando gravemente a la industria y a las cadenas de comercialización de la música. El negocio ha cambiado tanto que la música que uno puede encontrar en redes sociales y los pocos discos que se venden son utilizados más como elementos promocionales porque el negocio de los músicos es salir a realizar recitales y ya casi no cuentan con el valor de ingresos por discos vendidos ya que el material que se comercializa es casi nulo.

El tiempo pasa y avanza arrollando todo a su paso pero quedan espacios, lugares, momentos que se graban y no hay tecnología ni futuro que pueda eliminar esos tiempos que aún resuenan en nuestras cabezas y corazones.

La música está en cada instante de nuestras vidas y en Esperanza por años se encargaron de llevarla de la mejor manera Gerardo Naz, AmPo, más acá en el tiempo Proteus y esos lugares quedarán por siempre en la memoria colectiva de los esperancinos que se emocionaron escuchando una letra conseguida en alguno de esos locales.

Gerardo Naz arrancó con un local siguiendo su pasión por la música, casi sin darse cuenta su pasión se la transmitió a innumerables personas que por décadas pasaron por su esquina, la que no está pero sigue estando en la memoria de todos y con eso ya alcanza para ser inmortal. Cuando se hable de música en Esperanza, siempre alguien nombrará la esquina de Sarmiento y Lehmann la de Gerardo Naz Música… La de Gerardo Naz Música y Letra.

Fotos y datos: Gentileza de Daniel Naz / Redacción Juan Manuel Sánchez

 

 

 

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