Deportes

La noche que Almagro le ganó a Boca en la 'Bombonerita'

Aquella Liga Nacional creada por “Yoyo” Caballero y León Najnudel en 1984 crecía con éxito en la   Argentina. En 1985 Almagro de Esperanza, aquel equipo formado por jóvenes de la cantera, sudor  y sacrificios, se mantenía en la elite del deporte. En el gimnasio de Alberdi y Pueyrredón se hacía fuerte y potencias como el Ferro de Cadillac debían doblegar esfuerzos para llevarse la victoria, el problema muchas veces estaba fuera de casa cuando la soledad era su única compañera.

 

Entre tantas charlas con hombres de aquel plantel, surgió una historia en medio de las anécdotas: la del triunfo sobre el potente Boca en Buenos Aires, como salida de un cuento, un párrafo más a una historia de grandes hazañas que no debe quedar en el olvido.

 


 

UN BUEN AMANECER

 

En los días que corren cuesta imaginar a un plantel profesional haciendo más de 500 kilómetros en el día para llegar y jugar un encuentro de la Liga Nacional, pero era la costumbre de Almagro, que contaba cada moneda para poder viajar. “Cuando jugábamos de visitante por lo general viajábamos el mismo día, de acuerdo a la distancia que debíamos recorrer, poníamos una hora de partida. Aquella vez para ir a Boca salimos a las 6 de la mañana, la mayoría de nosotros trabajaba y teníamos que pedir permiso para viajar, aunque el apoyo en ese sentido siempre fue total.

 

Por los costos nos era imposible pagar un colectivo y mucho menos un hotel para toda la  delegación. Íbamos en autos, los ponían los dirigentes que nos acompañaban y manejaban ellos. Recuerdo que Raúl Cammisi, que tenía una agencia de autos, además de su coche ponía uno más. Hacía lo mismo ‘Panchi’ Hominal y a esos los manejaba algún jugador para ahorrarnos el chofer. En unos cuatro o cinco autos marchamos a Capital Federal. Lo nuestro siempre todo a pulmón. El    hotel era una mala palabra. Aquella vez como jugábamos en la ‘Bombonerita’ y estaba cerca del microcentro porteño alquilamos unas piezas pero sólo para los titulares, así descansábamos del viaje y de algún almuerzo barato en ruta. El resto, dirigentes y los chicos que sabíamos que no iban a entrar a jugar el partido, daban vueltas y paseaban un rato, eso hasta unas cuatro horas antes del partido que nos acomodábamos para ir al estadio”, cuenta refrescando su memoria el “Pato” Roldán.

 


 

NOCHE DE ESTRELLAS

 

Atrás había quedado la distancia de Esperanza, el manojo de jugadores y dirigentes transformados en hinchas se soldaba para hacerse fuerte en la gran capital, luego de los sándwiches al costado de la ruta y de los colchones duros de un residencial porteño para que sólo se relajen los titulares, Almagro emprendía el viaje a la “Bombonerita”.

 

Así lo recuerda Roldán: “No existíamos, íbamos a Boca, con todo lo que encierra el mundo xeneize. En el partido de ida que habíamos jugado en Esperanza en el mes de abril, con la creación de la Liga, los vencimos por 5 puntos, pero éramos visitantes y enfrente estaba Boca… Promediaba agosto,  era la segunda rueda. Nuestro quinteto titular era con ‘Patito’ Paoli de base, ‘Flaco’ Cignetti de ayuda base, el famoso Joseph Garrett afuera y abajo del aro el ‘Flaco’ Gaído y yo. El primer tiempo había estado parejo y nos fuimos al vestuario perdiendo por muy poca diferencia. En el segundo sacamos una ventaja y Joseph que tenía la costumbre de no volver a defender, regresaba caminando, lo queríamos comer. Recuerdo que estábamos 4 puntos arriba, Boca tira, erra y el rebote lo agarra ‘Piqui’ Andreoli, lo ve a Garrett solo y se la volea, el negro que era farandulero la quiere volcar con la mala suerte que la pelota rebota en el aro y la toma uno de ellos que corrió sin marca, entró en bandeja y convirtió. Se pusieron a 2 puntos. Con Andreoli fuimos a buscarlo a Garret y menos negro lindo le dijimos de todo, hasta lo empujamos. El partido siguió, yo sufrí un tirón, pido el cambio, Boca nos empata y termina el encuentro, nos queríamos morir, teníamos el partido a nuestro favor y había que ir a suplementario”.

 


 

LA AMENAZA A PAOLI

 

Los cuarenta minutos habían concluido, Juan Carlos Spies trataba de calmar a sus jugadores para   afrontar de la mejor manera la parte decisiva del juego, que se iba a definir con el corazón en la boca en el último segundo. “Cuando terminó el tiempo regular y había que definirlo en  suplementario no lo dudé, le dije a Pepote que volvía a entrar. Me vendé bien para que no me duela el músculo y salí a la cancha. Esos minutos fueron de ida y vuelta, estábamos palo y palo, llegaba el final y Boca estaba por encima nuestro por un simple. Miro el reloj, quedaban 13 segundos, le hago seña a Pepote para que pida minuto. Lo pide, mientras él hablaba de una jugada, lo agarré a Paoli y le dije que no se le ocurra pasarle la pelota a Joseph porque iba a errar. Yo sabía que Garrett era figurita e iba a intentar definir el partido. Así que le volví a insistir a Paoli   que me decía, ‘Joseph me la va a pedir’.  Le fui claro, vos no escuchés a nadie, mirame a mí, cuando te la pida me la das y si se la das al negro te juro que te quedás en Buenos Aires solo, te   volvés en colectivo.

 

Retomamos el juego, salida para nosotros en campo de Boca, miro el reloj 12 segundos, amago y me voy afuera de la zona pintada, me marcaba un canadiense que era alto y pesado, a todo esto Joseph gritando ‘Patito’, ‘Patito’ y Paoli nada, me miraba a mí y picaba la pelota, yo le hacía señas que no se la pase, mientras seguía contando los segundos que pasaban. Le amago a mi marca y vuelvo a entrar a la zona pintada, ahí le hago señas a Paoli y me pasa el balón, pico una vez y me freno para elevarme y tenía al otro extranjero de Boca que marcaba a Gaído encima de mí, alcanzo a ver el reloj, tres segundos, pensé o es gol o falta personal, esperé que caiga del aire el norteamericano y cuando estaba llegando al piso, salté, quedaba un segundo, golpeé la pelota contra el tablero y entró con el sonido de la chicharra, habíamos ganado por un simple”, relata Héctor.

 


 

EL FESTEJO, LA GLORIA

 

El estadio se había enmudecido, aquel grupo de hombres que habían llegado del interior ahogaba el grito de toda una “Bombonerita” que había colmado el gimnasio a la espera de un nuevo triunfo. “En la cancha nos abrazamos todos, llorábamos de alegría, éramos leones convertidos en hombres que no paraban de llorar de la emoción. En la tribuna los locos que nos seguían saltaban y no podían calmar la alegría. Me acuerdo que el ‘Gordo’ De Giambattista, por saltar unos tres escalones casi se mata, se golpeó mucho.  En esa época LT 10 y LT 9 nos seguían a todos lados, también diarios de Santa Fe. Con el tiempo me acercaron la grabación de ese partido con el relato de Ricardo Porta, se me puso la piel de gallina, la emoción que le dio a ese momento fue única, no escuché nada igual.

 

Esa noche disfrutamos una enormidad en el estadio, pero todo concluyó ahí. Nos bañamos, cenar en Buenos Aires era caro, así que volvimos en los autos. Llegamos tipo cuatro de la mañana y  comimos en el comedor del club porque tenían mejor precio. Al otro día cada uno volvió a su   trabajo, entrenamos de tarde y a los pocos días ya había que jugar de nuevo. Todavía recuerdo en la sección deportes de Clarín, un recuadro chiquito, Perdió Boca, con un doble en el último segundo de Roldán, Almagro de Esperanza… Si nos hubieran ganado ocupaba toda una página, pero no fue así, la historia la torcimos  nosotros”, finalizó el “Pato” Roldán.

 

“Todo es posible si puedes creer”, escribió Ricardo Rodríguez en una canción. Aquel grupo de hombres aquella noche creyó y disfrutó el premio. Apellidos que quedarán por siempre en la historia rica del deporte esperancino, porque más allá del tiempo, como aquella victoria frente a Boca en la propia “Bombonerita”, Almagro por años fue el dueño de las alegrías de todo un pueblo, sucesos y nombres que no se borrarán jamás.

 


 


 

Por Juan Manuel Sánchez - Publicada en Edición Uno Domingo el 20 de marzo de 2011.

almagro basquet ROLDAN

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web