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A 35 años: un 30 de octubre, volvía la democracia

by Ayelen

La democracia cumple hoy 35 años de su restauración en el país, con las elecciones que consagraron al candidato radical Raúl Alfonsín como Presidente de la Nación en una jornada que significó el fin de siete años de dictadura militar y la primera derrota electoral del peronismo a nivel nacional.

El autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” dejó una herencia de miles de desaparecidos a manos de grupos militares y paramilitares, la derrota en la guerra de las islas Malvinas y una economía estancada, con inflación y una abultada deuda externa. Con esta combinación de factores se llegó a las elecciones del ’83, que dieron lugar a un Alfonsín victorioso, de la mano de una campaña apuntalada por un discurso de unión de los argentinos y de enérgica condena a las “Juntas Militares”. 

“Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura”, decía Alfonsín en sus discursos de campaña, siempre iniciados con el recitado del preámbulo de la Constitución nacional.

Candidatos

La fórmula de Ricardo Alfonsín, de la línea interna Renovación y Cambio de la Unión Cívica Radical (UCR), y el cordobés Víctor Martínez llegó a las elecciones, tras imponerse en las internas a Fernando De la Rúa, por entonces identificado con el liderazgo de Ricardo Balbín, y con el antecedente de haberle ganado al peronismo gobernante en 1973, en las elecciones para senador porteño.

Por su parte, el Partido Justicialista (PJ) presentó como candidatos al binomio formado por Ítalo Argentino Lúder y Deolindo Felipe Bittel, que pasarían a la historia en ser los primeros peronistas en perder, sin condicionamientos ni proscripciones, unas elecciones nacionales ante otra fuerza política.

Considerada por muchos analistas como la primera campaña que combinó los tradicionales actos multitudinarios con el nuevo marketing político (encuestas, medios de comunicación, imagen de los candidatos), la UCR apeló a técnicas como el “saludo de Alfonsín” -el gesto de juntar ambas manos junto a su cabeza- o el uso de las iniciales “RA”, en busca de una deliberada asociación entre Raúl Alfonsín y República Argentina.

La campaña

En abril de 1983, Alfonsín denunció la existencia de un “pacto militar-sindical” destinado a garantizar la autoamnistía promulgada por los militares para exculparse de sistemáticas violaciones a los derechos humanos. En respuesta, el peronismo buscó identificar la candidatura de Alfonsín con la empresa estadounidense Coca Cola, y empapeló las calles de Buenos Aires con carteles alusivos a esa supuesta vinculación.

El punto más alto de la campaña radical llegó el 26 de octubre, a cuatro días de las elecciones, cuando Alfonsín congregó a más de un millón de personas frente a un escenario montado en el Obelisco porteño. “Hay dos propuestas, dos ideas, pero un solo pueblo”, subrayó el candidato radical ante la multitud.

La gente acudió a votar en forma masiva el 30 de octubre y marcó así otro hito histórico: hubo una participación electoral del 85,61 por ciento, un nivel que desde entonces nunca volvió a ser alcanzado en una elección presidencial en el país.

Derrota y desconcierto

El desconcierto en la cúpula del PJ durante el escrutinio fue mayúsculo, porque no imaginaban el resultado adverso que se iba anunciando y algunos dirigentes hasta hablaron de un “fraude informativo”.

Tal vez la frase que mejor sintetizó la perplejidad del peronismo fue la que pronunció el líder sindical Lorenzo Miguel: “faltan contar los votos de La Matanza”, se esperanzaba. Aquella expresión, respaldada en el peso electoral del peronismo en ese partido bonaerense, reveló la incredulidad del justicialismo ante un resultado que fue abrumador. La UCR había obtenido más de 7,7 millones de votos (51.75%) contra los poco menos de 6 millones (40%) de la fórmula del PJ y, además, había ganado en la capital federal y las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, las más pobladas del país.

«El mejor legado»

El dirigente de la UCR Ricardo Alfonsín consideró que el aspecto más saliente de las elecciones presidenciales del 30 de octubre de 1983, en las que se impuso su padre Raúl Alfonsín, “fue la consolidación del sistema democrático, ese fue el mejor legado del gobierno radical”. “Sabíamos que íbamos a tener por delante una situación muy difícil, pero confiábamos en el triunfo y teníamos la ilusión de consolidar la democracia y entregar el poder a un gobierno surgido de la voluntad popular”, señaló quien por aquellos días contaba con 30 años y militaba en la Juventud Radical.

Además, evocó detalles de aquella jornada electoral que tuvo como punto culminante la consagración de un gobierno de signo radical: “Ese domingo papá votó en Chascomús y a la tarde se trasladó a una quinta de San Isidro a esperar los resultados, y a medida que fueron llegando nos dimos cuenta de que íbamos a obtener un gran triunfo. Algo que para nosotros no fue sorprendente, porque vimos a lo largo de la campaña que había un clima favorable a nuestra propuesta”.

Claves de la derrota peronista

Herminio Iglesias, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el Partido Justicialista en las elecciones de 1983 fue, a juicio de muchos analistas, el principal artífice de la derrota electoral del peronismo. Ante un marco imponente, el candidato presidencial peronista Ítalo Argentino Luder cerró la campaña en el Obelisco, el 28 de octubre, y mientras pronunciaba su discurso, Iglesias quemó una miniatura de un ataúd con el nombre de Raúl Alfonsín y pintado con los colores rojo y blanco, emblemas del radicalismo. Ese hecho, sumado a declaraciones tales como “conmigo o sinmigo vamos a ganar” o “trabajaremos las 24 horas del día y la noche también” determinaron que este dirigente del peronismo de Avellaneda cobrara un protagonismo inusitado en la campaña.

Sin embargo, quienes acompañaron de cerca la campaña de Luder piensan que atribuirle a Iglesias toda la responsabilidad de la derrota es, cuanto menos, una exageración. “La verdad es que habíamos quedado atrapados en la lógica de la guerrilla y los sindicatos que había sido parte de los años ’70, el peronismo era el palco de Ezeiza. El movimiento siempre estuvo lleno de Herminios, pero en ese momento no los pudimos contener”, explica Julio Bárbaro, asesor de Luder y candidato a diputado nacional en 1983.

Fuente: El Litoral

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