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25 de Mayo: Felices los que trabajan por la Paz

by jose

El 25 de Mayo celebramos un acontecimiento que define el nacimiento de nuestra Patria. Celebrar es recordar y actualizar una historia que nos pertenece, de la que nos sentirnos parte y responsables de su futuro. Es un acto de reconocimiento y de gratitud, que reclama de cada uno de nosotros una actitud de compromiso en el presente.

Es un peligro quedarnos en la nostalgia del pasado, como evadirnos o refugiarnos en un futuro ideal de promesas. El pasado nos da raíces, el futuro nos abre a una esperanza que da sentido a nuestros proyectos, pero es sólo el presente el lugar que nos convoca a testimoniar nuestra pertenencia y a construir nuestra Patria. En este marco somos invitados a celebrar el Te Deum, que es un canto de Acción de Gracias a Dios, a quién reconocemos como Padre y Creador que fortalece nuestros vínculos fraternos y a quien recurrimos como “fuente de toda razón y justicia”, para dar certeza y solidez a nuestro caminar. Dios no ocupa el lugar del hombre, nos ha puesto en el mundo como responsables de la creación, en especial de la vida humana, de nuestro hermano. Como Padre providente él nos acompaña e ilumina. Este es el fundamento de nuestra oración y la confianza de hijos.

En esta Fiesta Patria no podemos dejar de pensar en esa realidad tan actual y cercana que nos debilita como sociedad, me refiero al tema de la violencia y el narcotráfico. Frente a esta realidad no nos ayuda quedarnos como espectadores o culpar a los demás, todos estamos llamados a involucrarnos en primera persona, especialmente quienes tienen mayor responsabilidad en la comunidad. Debemos asumir actitudes y conductas que nos permitan crear las condiciones de una sociedad donde los valores de la vida y la paz, del trabajo y la justicia, de la honestidad y la ejemplaridad, sean la fuente de una sociedad siempre nueva. Es importante, para ello, valorar el rol de la familia y de la escuela como lugares privilegiados en la trasmisión de cultura y estilos de vida, de ideales y amistad social, como también aprender a vivir en el respeto a la ley, en el marco de la Constitución. Sabemos que el amor vence al odio, que el bien tiene más fuerzas que el mal, pero también que el bien necesita de testigos, de protagonistas. Por ello, en este día tan nuestro como argentinos, los invito a rezar la oración de San Francisco como un testimonio de fe y de compromiso en el hoy de nuestra Patria:

Señor,
haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, que yo ponga amor,
donde haya ofensa, que yo ponga el perdón;
donde haya discordia, que yo ponga la unión;
donde haya error, que yo ponga verdad;
donde haya duda, que yo ponga fe;
donde haya desesperación, que yo ponga esperanza;
donde haya tinieblas, que yo ponga luz;
donde haya tristeza, que yo ponga alegría.

Señor, que yo busque tanto:
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.

Porque:
dando es como se recibe,
olvidándose de sí es como uno se encuentra,
perdonando es como se recibe el perdón,
y muriendo es como se resucita a la Vida. Amén.

Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 

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