Una ciudad que convive con una fábrica fantasma por el derrumbe de SanCor

“Lo único que quedó sano es la marca”, lamenta Jorge Chiabrando, presidente del Centro Comercial, Industrial y de la Producción de Sunchales.

El cartel gigante, con letras de molde color rojo, anuncia en la entrada de Sunchales que allí está la “capital nacional del cooperativismo”. SanCor le dio sentido histórico a esa consigna desde 1938, cuando seis cooperativas de Córdoba y Santa Fe se unieron para crear una láctea que no sólo fue un emblema social y productivo, sino una de las marcas más importantes del mundo. Luego llegó el derrumbe, la crisis endémica de ese gigante con pies de barro. Ese pasado glorioso empezó a resquebrajarse a través de un largo proceso de crisis que lleva casi dos décadas, con deudas inmanejables, que terminó con la parálisis y el fin de esa era, que dejó una deuda de más de 11.000 millones de pesos.

El 12 de abril pasado, en una asamblea extraordinaria, los socios votaron por unanimidad la oferta de inversión y asociación presentada por Adecoagro y abrieron la puerta para que la segunda industria láctea del país -hoy cooperativa- transfiera el 90 por ciento de su capital accionario a manos privadas. El resto, el 10 por ciento seguirá en manos de los productores lácteos.

Ese fue el primer paso de un largo camino que recién se inicia. Adecoagro estuvo cerca de adquirir el 60 por ciento de Sancor en 2005, en otro capítulo de la crisis, pero finalmente el negocio se cayó al terciar el gobierno de Néstor Kirchner y acercar a los directivos un crédito por 80 millones de dólares a manera de rescate por parte del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela. El dinero iba a estar destinado a reestructurar la deuda financiera de ese momento, pero ese objetivo nunca terminó de cristalizarse.

Esta nueva transición hacia el desembarco de Adecoagro, según aseguran a <i>La Nación</i> los voceros de Sancor, llevará más tiempo del esperado, y el traspaso se calcula que será a principios de julio, un mes después de lo previsto. SanCor pone en juego en el acuerdo 10 plantas industriales y dos centros logísticos por un valor que no trascendió de manera oficial pero que se acercaría a los 400 millones de dólares.

La Justicia debe homologar el acuerdo preventivo extrajudicial con casi 2000 acreedores (acreedores comerciales, proveedores, productores), tras una quita del 60 por ciento, por una deuda -según puntualizó un directivo- de 1485 millones de pesos, que deberá hacerse cargo la nueva sociedad anónima encabezada por Adecoagro. A eso se suma otra porción del pasivo, con organismos del Estado, bancos, AFIP y trabajadores retirados y el sindicato de Atilra. Y además las hipotecas sobre algunas plantas. Un directivo de Sancor señala que desde mitad de año, cuando se efectivice el traspaso, el objetivo es que las plantas industriales “utilicen de manera eficiente toda su capacidad instalada”. Esa imagen no resalta por ahora.

La planta de Sunchales parece un fantasma enorme, de pie pero inmóvil. Casi no hay movimiento en la fábrica, que es el corazón de la ciudad enclavada en plena cuenca lechera santafesina. Por los problemas climáticos y estacionales, hay escasa actividad, y porque decenas de productores, que tienen acreencias, prefirieron proveer a otras empresas, como Milkaut, La Verónica y Williner.

El miércoles sólo tres camiones con los logos de Sancor descansaban en la playa de vehículos. Muy pocos productores siguen vendiendo leche, la mayoría con deudas inconclusas, cheques rebotados y puños llenos de rabia.

Aldo Astesano, tambero y productor ganadero de 71 años, es uno de los que mastica bronca. Su abuelo Mateo fue uno de los fundadores de SanCor. Es la tercera generación de tamberos, pero él decidió cortar con la tradición de venderle su producción a SanCor. No sólo por las deudas -de 10 cheques sólo pudo cobrar uno- sino por “orgullo”.

“Se robaron todo. Yo fui y se los dije en la cara”, desafía el hombre de manos grandes y curtidas, que posee un establecimiento de 500 cabezas de ganado a 7 kilómetros de Sunchales, y hace una mueca de resignación a la hora de precisar nombres.

“A mí como a mucha gente la caída de Sancor nos golpeó en lo emocional, pero sabemos, que pensándolo bien, era la única salida el traspaso a Adecoagro. Da tristeza por la historia que cargamos sobre nuestras espaldas, y que podría haber tenido otro final”, explicó Astesano, quien asume como autocrítica que “todos fuimos un poco culpables, porque nosotros votamos a los directivos que manejaron la cooperativa”.

Alicia Ciciliani, la ministra de Producción de Santa Fe, admitió que “en el mundo hay una mayor concentración de los grandes jugadores que manejan la industria láctea”, pero reconoció que en el caso de Sancor hubo un largo período de “malos manejos, con gerentes poco expertos, que expandieron la empresa sin planificación, y muchas veces hasta sin mercado”.

“Tiraron manteca al techo en los períodos de expansión y perdieron mercado en época de crisis sin ninguna planificación”, sostuvo. La funcionaria recordó que en el período anterior “se jugó al populismo empresarial con una empresa que era viable”.

“Por un lado lamentamos que una cooperativa emblemática que marcó a Santa Fe, y nos ha distinguido haya perdido su parte industrial (la cooperativa Sancor se queda con el eslabón primario de la producción de tamberos). Pero por otro lado, hay una compañía que va a seguir la producción; vamos a seguir teniendo manteca Sancor y empleo, y eso es una buena noticia”, consideró la ministra.

Ciciliani manifestó que el caso de la empresa láctea sirve como aprendizaje sobre los vaivenes que sufren las compañías, no sólo por los contextos económicos sino por las gestiones. “Hay empresas que inician procesos de expansión que no pueden sostener y entran en cuellos de botella muy graves como fue el caso de Sancor. Pero creemos que se resolvió de una buena manera, aunque sintamos emocionalmente una pérdida”, indicó.

La trama económica y social de Sunchales, una ciudad cara y próspera que se moldeó bajo la luz y sombra de Sancor, no se vio afectada tras la última crisis de la cooperativa. Porque los 800 empleados que quedan en esa planta -unos 300 se plegaron a retiros voluntarios- siguieron cobrando su sueldo.

El sindicato de Atilra, conducido por Héctor Ponce, apareció en el radar de la Justicia, y se sumó a la lista de dirigentes sospechados de enriquecerse con el dinero de los afiliados. El fiscal Federal Eduardo Taiano imputó al gremialista y a parte de su familia, por presunto lavado de dinero, sponsorear actividades deportivas y utilizar dinero del sindicato, y por contratar servicios a empresas de sus familiares. Además, hay una compra de una propiedad por 2,6 millones de pesos por parte del gremio a su hija.

“Acá no hubo un colapso. Se resintió un poco la economía de la zona, pero no fue crítico”, ensaya Chiabrando, del Centro Comercial, Industrial y de la Producción de Sunchales. El dirigente dice que “lo peor ya pasó, porque había un estado de incertidumbre que era muy perjudicial”.

“SanCor nació para desmonopolizar el negocio privado de la leche, fue un emblema, pero tras llegar a esta situación ahora hay que mirar para adelante y tratar de que a la nueva empresa le vaya lo mejor posible, porque está en juego la producción y el trabajo de la gente”, advierte Chiabrando, quien recalca: “Lo único que quedó sano de Sancor es la marca”.

El presidente del Centro Comercial, Industrial y de la Producción de Sunchales encabezó marchas en la ciudad en mayo pasado en el período más crítico, cuando las plantas estaban paradas y el futuro era incierto. “Si Sancor cerraba esto iba a ser un pueblo fantasma”, apunta. Las manifestaciones fueron a favor de una salida, y no contra SanCor. Pero en ese momento, junto al Intendente Gonzalo Toselli, Chiabrando les hizo un pedido a los directivos de la cooperativa. “Un solo reclamo les hacemos: la gente necesita saber, esperamos que nos informen porque lo peor es la incertidumbre”, decía.

Eso no cambió demasiado y muchas de las críticas de los asociados -según transmitieron varios- es que muchas veces no se enteraban de las decisiones que se tomaban, muchas de ellas clave. Bajo extrema cautela ningún directivo de SanCor quiso romper el silencio y explicar públicamente la situación por la que esta cooperativa llegó al punto de quebranto. “No es momento de dar explicaciones; hay que esperar a que este proceso termine de la mejor manera posible”, advierte un directivo que pidió reserva de su nombre.

El funcionamiento y el gerenciamiento de la cooperativa atravesó diferentes etapas, pero en las últimas dos décadas empezaron a surgir problemas endémicos, muchos de ellos, según describe un directivo, que no tenían que ver con la coyuntura del negocio sino con la política de la cooperativa, con sueldos y gastos altísimos, fallas productivas y decisiones erróneas.

“Cada vez empezó a tomar más determinación lo político por sobre todo. Los directores hacían campaña con el dinero de la cooperativa. Se prometía instalar plantas o centros logísticos en lugares que no eran los indicados pero eran de la zona del influencia del directivo”, señala un ex funcionario, que repasa el anecdotario y recuerda la propuesta de un directivo de Moisés Ville, que fue un fracaso, para que SanCor produzca mayonesa en esa localidad. “No tenía ningún sentido, porque no producíamos nada para hacer mayonesa. Ni los huevos ni el aceite ni el vidrio de los frascos”, señala y pone ese caso como un ejemplo de decisiones poco racionales para una empresa de esa envergadura.

Fuente: La Nación

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