Primavera: De la Sociedad de Canto al balneario sin desayunar

Fue una fecha que disfrutaron innumerables generaciones de esperancinos que al ritmo de la música del Sonido Aarón Castellanos hicieron de la primavera una fecha mágica.

La elección de la reina, los colectivos de Gandini y tantas historias que encierran dos lugares ausentes por estos días, la Sociedad de Canto y el balneario municipal.

Hubo una época donde medíamos un metro y la llegada de la primavera la celebrábamos en la Plaza San Martín y sentados en el césped en ronda con un bidón de naranja en una mano y un sandwich hecho por la vieja en la otra, mirábamos a esos raros pibes que muy ansiosos frente al Palacio Municipal esperaban el colectivo de Gandini para marcharse al balneario municipal mientras hablaban de una maravillosa noche en la Sociedad de Canto. Mirábamos y escuchábamos sin entender demasiado hasta que un día nos tocó a nosotros y allí experimentamos lo maravilloso que era disfrutar del baile y picnic de la primavera en Esperanza y todo esto paso hace poco…

La llegada de septiembre comenzaba a ser especial en el ambiente, por un lado se venía la fiesta del pueblo y por otro ya en el ambiente se respiraba esa magia que solía traer la noche en la Sociedad de Canto y al otro día una larga y agitada jornada en el balneario municipal. Si hasta hay hombres y mujeres que peinan canas y disfrutan de sus días de jubilados acordándose de aquellos picnic con monjas si ibas al Huerto o curas si ibas al San José pero todos te hablan del balneario y el baile en el gigantesco salón de la Sociedad de Canto.

Quizás nunca se sepa el origen lo cierto que alumnos de la Normal y la ENET eran los encargados de organizar el baile sabiendo que una buena noche, siempre las eran, serían el mejor beneficio para el viaje a Bariloche. Había turnos y según las especialidades de cada uno estaban los que atendían la larga barra del fondo, el guardaropas, los que recaudaban y contaban cada peso para que no falte nada, los que subían al escenario para amenizar la fiesta y los más rudos que generalmente estaban en la puerta.

Yéndonos más atrás en el tiempo hubo una época donde la previa se hacía en La Vieja Sodería y desde allí se caminaban unas cuadras por Sarmiento para comenzar a disfrutar de la fiesta. Era común en el ocaso del 20 de septiembre grupos de chicas y chicos caminando por la calle, que el que te pasaba a buscar a vos y de ahí a la casa de tal y desde allí a la Sociedad de Canto. Éramos como hormigas moviéndonos por diversas arterias con la una sonrisa dibujada de oreja a oreja esperando poder pelar del bolsillo esa anticipada que habíamos comprado varias semanas atrás, no para ahorrarnos unos pesos… Simplemente queríamos asegurarnos estar porque llegaba un momento donde literalmente no cabía un alfiler y a veces hasta te quedabas afuera.

Afuera muchas veces salíamos a tomar aire y también era divertido, nunca faltaba quien desde la vereda, desafíe a pelear a uno que casi ni enterado estaba bailando adentro. En ese interior sonaba cualquier tipo de música, pero era toda divertida y nos movíamos al compás de aquellos discos que prolijamente el “colo” o el “pato” Paravano preparaba para que disfrutemos de una noche de la cuál hablaríamos todo el año.

Por momentos la música se detenía y el show se trasladaba al escenario donde había que tomar coraje para subir porque era común ver volar limones que acompañaban los baldes de sangría pegar contra aquel que tenía intenciones de cantar una canción o jugar a lo que propongan con tal de ganar una vuelta de cervezas o un barril para los amigos. Se hacía la elección de la reina y el rey de la primavera y siempre estuvieron aquellos que tomaron coraje se animaron, desfilaron y festejaron la elección de un jurado y el aliento desenfrenado que venía desde abajo.

El baile en la Sociedad de Canto tenía magia. La música era la mejor que se podía escuchar y no había tiempo de bailar con otros porque todo se movía en torno a las rondas que se armaban entre grupos de amigos o cursos e ir a la barra a buscar bebida era todo un problema porque no se podía caminar por la gente que había. Pero todos apretados eramos felices y nos olvidábamos del mundo. Esa noche se detenía en Esperanza y la ciudad lo sabía. Había fiesta y mucho pero también había tiempo para mirar al chico que nos gustaba y de alguna manera u otra algo hacíamos para pasarle cerca para que nos mire. Cuántas miradas que comenzaron en el baile de la Sociedad de Canto siguió al día siguiente en el balneario y hoy caminan de la mano juntos por las calles de la ciudad.

Aquella noche tenía su encanto pero llegaba una hora de la noche donde muchos comenzaban a mirar su reloj. No se prestaba atención a las agujas para llegar temprano a casa, al contrario se miraba porque había que ir al balneario. Estaban los que habían dejado la carpa sola y tenían que volver o los que tenían el barril preparado en el baúl del auto listos para salir y estaban ellas, las chicas bien que volvían a casa a dormir un rato para después en auto llevadas por el papá seguirían disfrutando la llegada de la primavera en el balneario municipal.

Salir de la Sociedad de Canto tenía sus sensaciones. Por un lado el dejo a nostalgia porque aquella noche tan esperada había terminado y por otro lado las ganas de salir porque todavía faltaba mucho por delante y venía lo mejor. La ida al balneario. Desde temprano Daniel Gandini esperaba con su colectivo fentre al municipio. Había que tener paciencia pero el único que nos llevaba al balneario sin cobrarnos un peso y aprovechábamos esos minutos para descansar después de una ajetreada noche y bajarnos cero kilómetros en el camping municipal para comenzar el día de la mejor manera. La ida en colectivo tenía también sus problemas, había que tener paciencia porque el cole se tomaba su tiempo para ir, volver y cargar otra vez pasajeros. Muchas veces esperando en la cola éramos vistos como bichos raros por vecinos que arrancaban el día y pasaban por el lugar. Con el tiempo me volví viejo y observaba esa misma escena y no los miraba porque eran bichos raros, solo celoso de una época que ya no volvería para mí.

 

En el balneario estaban los que acampaban desde hacía algunos días y cuando llegábamos de la Sociedad de Canto con el primer sol de la mañana aún dormían. Estábamos los que buscábamos un poco de verde en una loma para recostarnos esperando que se arme la fiesta en la cancha de basquet y ellas, las chicas que casi como modelos se bajaban de los autos de los papás para disfrutar de la jornada. Era fundamental sacarnos zapatos, zapatillas especiales y demás calzados utilizados en la noche. Las Topper de lona se adueñaban del día para estar más cómodos.

El 21 de septiembre en el balneario municipal tenía innumerables condimentos y todo daba vueltas alrededor de la pista de baile que se armaba en la cancha de basquet que tenía sus horas picos donde no quedaba lugar para nadie. Después de una larga noche el “Pato” o “Colo” Paravano seguía con la música y le sumaba la transmisión de la radio según la época era la LVA 26 o la Aarón Castellanos cuando estaba en calle Lehmann. La transmisión era escuchada por todos en la ciudad mientras nosotros no nos enterábamos en el balneario. Pero hasta la abuela con su Karina en mano sabía cuántos chicos habían ingresado, que habían tomado y que música se había bailado. Los jóvenes disfrutábamos la fiesta pero en la ciudad todos pegaban los oídos a la transmisión para seguir las andanzas de los festejos.

El sol de a poco caminaba se recorrido y con el paso del día la fiesta iba pasando por diversas etapas. Pocas veces pasábamos por la cantina para comer algo y nos acordábamos de comer algo cuando volvíamos con el atardecer a casa. Los baldes con sangría eran común en cada foto como los barriles y grandes tachos transformados en hieleras con cualquier tipo de bebidas dentro. Algunos se animaban a prender fuego y se ponían a hacer un asado pero el tiempo no alcanzaba. Queríamos estar en todos lados. En la pista bailando con los amigos, debajo de aquel árbol donde estaba el grupo de amigas de la chica que me gustaba o salíamos corriendo para ver la pelea entre dos personajes que a lo mejor se habían mirado mal y ya valía para cerrar puños y armar una bataola. La música jamás dejaba de sonar y por horas podíamos sumar kilómetros caminando siempre por el mismo lugar como quemando calorías bailando sin parar bajo el brillante sol que le ponía el toque perfecto a una brillante jornada que disfrutábamos como si fuese la última.

Había un momento de la tarde que sabíamos se comenzaba a marcar el final, cuando Gandini entraba por el camino central del camping era sinónimo de fin de fiesta y de a poco los que habíamos llegado de a pie comenzaríamos a volvernos. El sol comenzaba a esconderse y esa música que tan fuerte había sonado durante el día de apoco dejaba lugar a clásicos temas que invitaba a cantarlos y no bailarlos tanto. Los papás de aquellas modelitos de la mañana volvían para llevarse a las chicas más lindas del lugar y de apoco todo comenzaba a tener un dejo a nostalgia. Muchos antes de la vuelta pasábamos por los vestuarios que estaban frente a la “Olla” para lavarnos bien la cara y al menos refrescarnos para llegar un poco mejor a casa. También muchas veces aquellas vueltas por ruta 6 dejaron graves accidentes que aún penosamente se recuerdan.

Las vueltas casi siempre eran cabeza gacha. Por un lado la felicidad de semejante fiesta y todo lo que había pasado a la noche. Al día siguiente solo hablaríamos de la primavera y saldríamos en búsqueda de aquel pibe o piba que conocimos y tanto nos gustó pero no iba al mismo colegio y había que salir a conseguir sus horarios para estar atentos cuando salía de su escuela y así poder verlo. Aquella vuelta a casa dejaba atrás una larga espera, una emocionante caminata a la Sociedad de Canto y un mágico viaje al balneario municipal. Todo quedaba atrás y solo quedaba la tranquilidad de saber que faltaba un día menos para volvernos a encontrar en semejante evento, mientras tanto tendríamos un año por delante para hablar de todo lo que había pasado. Ojo, muchas veces la fiesta terminaba al atardecer de un sábado y si había ganas, casi siempre lo había, nos íbamos a Jimmy`s, Bárbaros, La Fábrica o al menos tomar algo más tranquilos en una mesita de Ipanema.

No estamos viejos, a lo mejor peinamos canas pero lo que narramos pasó hasta hace poco y no fue un evento de un puñado de ediciones. El baile de la Sociedad de Canto lo disfrutamos nosotros, pero también lo bailaron nuestros viejos. La ida al balneario fue nuestra, pero también se divirtieron nuestros papás. Alguna vez un trasnochado dejó con las manos vacías a los chicos de la Normal y la ENET y quiso armar su fiesta en la Sociedad de Canto y comenzó la debacle acompañada por no muy buenas ideas políticas buscando una primavera más segura y así fueron dejando de lado dos lugares emblemáticos de Esperanza que marcaron épocas que aún hoy resuenan.

Llegó la primavera a Esperanza y otra vez la Sociedad de Canto no supo de música y tuvo sobre su escenario a la nueva reina. El balneario solitario solo escucha pasar el agua por el Salado. La fiesta va mutando y lo que es peor los chicos de Esperanza se van a otros lados buscando celebrar semejante fecha. Con cuidados, buena organización y sobre todo con ganas ojalá no pase mucho tiempo para que la noche del 21 se vista de gala en la Sociedad de Canto y el día del 21 se vista de fiesta en el balneario municipal, al final de cuentas todos tenemos historias allí, todos tenemos recuerdos y momentos felices y cuántos apellidos que hoy son familias comenzaron su historia allí, bailando un tema del “Pato” o hablando de nada bajo un árbol. Esperanza tiene hermosas cuestiones que hacen a la cultura popular de su pueblo y una es su primavera… Por tantos años y momentos compartidos ojalá la próxima vuelva donde tiene que estar… en la Sociedad de Canto y en el balneario municipal. Feliz primavera para todos!!!

Galería de Imágenes archivo Esperanza Día x Día.-

 

 

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